Spain is different

No hay éxito sin sacrificio, ni fútbol sin emoción. España pasa a las semifinales de la Eurocopa con enormes raciones de ambas cosas. El triunfo sabe mejor cuando no lo esperas y, la verdad, después del empate alemán a los 89 minutos, perdimos la fé; nosotros, no los jugadores.

El partido de este viernes en Stuttgart tuvo de todo. Caben objeciones a partir del cambio de alineación forzado en el segundo tiempo por las circunstancias, pero ningún reproche. Es lo que tiene expolotar las virtudes de Yamine Lamal y Nico Williams, por favor sin olvidar a Rodri y Fabián, pero agotados ambos extremos, no era fácil mentalizarse de jugar a otra cosa.

Por el contrario los relevos le funcionaron al anfitrión. Naggelsmann puso en liza a guerreros más que a futbolistas y el choque, trabado durante demasiado tiempo y peleado en el centro del campo, se tornó bronco y sombrío. La poderosa fortuna dictó sentencia en un palo a la izquierda de Unai Simón y un penalti por mano de Cucurella que en España hubieran pitado el árbitro y el VAR. Sin embargo dejemos de creer en las casualidades sin perdernos en los detalles.

La Selección de Luis de la Fuente, reservemos para él una de las hojas de laurel de la corona, ha sido hasta aquí la mejor del torneo. Los 17 fajadores que han pisado territorio hostil impusieron el fútbol sincero frente a la fuerza. Y la suerte, dicen y yo estoy convencido, es de quien la busca, no te la encuentras por la calle. Estos españolitos de la quinta liga europea demuestran a toda Europa que el reinado del «cuentismo» ha terminado. La mayoría  no cobran lo que se les paga a los Mbappé, Messi, Bellingham y demás estrellas rutilantes, quizás alguno de ellos algún día. Con humildad y esfuerzo, calidad aparte, nos enseñan que, negocio o espectáculo, este es un deporte colectivo que, como dijo Milan Kundera, el escritor checo: «El fútbol es un pensamiento que se juega, y más con la cabeza que con los pies» . España, una vez más, ha sido diferente.