Un gol que bien vale una final

Hubo un tiempo que la Selección española fue un combinado del Real Madrid y el Barça con algún aderezo. No es que eso estuviera mal, no; de hecho Luis Aragonés conquistó la Eurocopa del 2008 exigiendo el armisticio firmado por Iker Casillas y Xavi Hernández. Etapa convulsa cuya herencia supo administrar con guante de seda Vicente del Bosque para ganar el Mundial 2010.

Han pasado casi tres lustros en los que se han atravesado momentos tan complicados que hicieron temblar el fervor desatado en aquella primera década del presente siglo. No ha sido fácil, pero lo peor ha pasado. Luis de la Fuente ha mantenido a flote una nave que amenazaba zozobra al margen de las golfadas federativas que han derivado en el cese de Luis Rubiales que todavía pueden cobrarse la cabeza de su sucesor y ex vicepresidente. Surfear en medio de tal oleaje no ha de ser sencillo.

De aquella mezcla de merengue y crema catalana se ha pasado a un grupo homogeneizado a partir de la confluencia de futbolistas procedentes de siete equipos diferentes, si no me fallan las cuentas, siete estilos distintos y siete culturas distantes. Si son seis da lo mismo y si son ocho, también. Es que alguno ya no sabemos ni dónde militaba. Y no era sencillo remontar un gol en contra frente a Francia, sub campeona del mundo, hacer de este cóctel un conjunto sólido, atrevido y a ratos brillante, individualidades aparte, que también las hay, precisa no solamente mucho trabajo sino, además, una enorme fe.

¡Ah!. El gol de Lamal aun no lo he asimilado. Creo que voy a verlo otra vez y hasta soñar con ello. En los años 50 se exhibía en los cines «Esa voz es una mina», en alusión al protagonista, Antonio Molina. Ese chico, Yamine, no canta pero su fútbol es pura canción.