Veintitres días de plazo
La renovación de Demichelis se inscribe dentro del más de lo mismo decretado por Andy Kohlberg bajo la asesoría de Alfonso Díaz y Pablo Ortells. Seguramente lo único que ha cambiado respecto a la convicción de su continuidad es el montante del acuerdo, más bajo en Segunda de lo que hubiera sido en Primera. Los cuatro se han aprendido la palabra reconstrucción, algo que cualquiera de nosotros jamás encargaría a quienes han propiciado la demolición. Hay un grupo mucho peor que el de los «subecarros», el de los «bajapantalones».
No negaremos al argentino el benévolo plazo de los cien días puesto que cumplió solo setenta y siete, aunque alguna reponsabilidad le corresponde por la dimisión del equipo en el segundo tiempo de los partidos disputados en Elche y Vitoria o, sobre todo, la pobre imagen ofrecida en los vitales choques de Getafe y contra el Levante. Perdió el crédito adquirido en la victoria sobre el Real Madrid, curiosamente ante el mismo rival ante el que lo ganó Leo Román, por cierto y rectifico, fichado por Carlos Paniza durante el mandato de Maheta Molango y Javier Recio.
Lo que tampoco cambia es el discurso. La ausencia de guión, la capacidad de improvisación, es lo que da valor a la información porque en ella no hay tiempo para la mentira. Por eso la reiteración «goebeliana» de palabras vacías que se convierten en veraces al repetirlas hasta la saciedad, contribuye a la sospecha. Compromiso y eso de que «quien no quiera correr que levante la mano» suena tan aprendido, igual que el «tornarem», que invita a aplazar para más adelante la llamada a la ilusión.
La cantante cubana Lucrecia ya cantó «que levante la mano quien se quiera salvar» y me temo que aunque muchos lo hicieron, nadie en Son Moix se dio por aludido, ni el «staff», ni el cuerpo técnico, ni los jugadores. El dueño cerró su discurso de carrerilla con «el Mallorca es un club de Primera que jugará en Segunda». Justo lo contrario, usted preside un club de Segunda que ha jugado en Primera.


