Victoria de autor
El escritor checo Milan Kundera, eterno candidato al Premio Nobel de literatura que nunca ganó, dejó escrito que «el fútbol es un pensamiento que se juega y más con la cabeza que con los piés». Aquí podría terminar mi comentario del recién finalizado España-Francia que mete a los españoles en la final del Mundial 2026 sin añadir ni quitar una sola palabra o signo de puntuación. Pero continuaré.
El mismo autor vendió muchos miles, quizás más, de su obra «La insoportable levedad del ser», llevada al cine. Y esta es la segunda parte de la crónica porque si en el primer párrafo ha quedado claro que el triunfó sonrió a quienes priorizaron una idea de juego que requería precisión, sacrificio, solidaridad y una frialdad difìcil de mantener en una semifinal de la mayor competición del planeta Tierra. Por el contrario, el título de la novela en cuestión retrata a la gran estrella «bleu», Kilian Mbappe, rendido ante un defensa central de 20 años, Pau Cubarsí y en última instancia frente a Unai Simón, una baza que Luis de la Fuente le ha ganado, al ,menos por ahora, a Joan García.
El espectador sufre ante el juego de España, el espectáculo se da con cuentagotas, pero no hay número circense, para quien prefiera la carpa, que no deba ejecutarse, planificarse y ensayarse sin la fuerza de la mente. La Roja no aburre, a quien aburre es al adversario. Las estrellas francesas, sí todas francesas, deambularon abducidos por el planteamiento del triunfador, cayeron en una tela de araña casi perfecta cuyos riesgos, que los hay, se minimizan a base de una confianza inquebrantable rayana en la fe inamovible de todo un grupo que asume colectivamente sus aciertos y errores. Sin estrellas pero, como decíamos en la previa, solo con buenos jugadores.
