A más VAR y taquígrafos, menos luz
Como si el tormento creciente no fuera bastante, a algún iluminado se le ha ocurrido plantear la posibilidad de que cada contendiente disponga de una petición de VAR por partido. Con la manía de la excesiva prolongación del tiempo de juego que ha pasado de 90 o 96 minutos a 96 hasta 105, solo nos faltaría poner esta herramienta a disposición de los equipos. Si hay árbitros que van de excursión y vuelven antes de tomar una decisión sobre una jugada concreta, no quiero ni imaginar las recomendaciones médicas para reducir horas de sofá y aun menos a los espectadores en las gradas haciendo cola en los bocadillos mientras el del silbato, que en el campo no se ha enterado de nada, decide.
Tampoco me extrañaría que la genialidad de la propuesta haya partido de algún allegado o, mejor dicho, paniaguado del Real Madrid o del Barça, los más beneficiados históricamente por los «errores» arbitrales. Y si, algún día tendremos que hablar de eso, de paniaguados y de contratos publicitarios firmados entre medios de comunicación e instituciones deportivas, no precisamente tácitos. Estos últimos van aparte y deberían entrar los clubs y sus gabinetes de prensa reconvertidos en si mismos en medios para contrarestar o sustituir a las cabeceras tradicionales.
En resumen: por mucho que dudemos de la credibilidad que ofrecen las redes sociales, la de diarios, emisoras de radio o televisión, ya no es mucho mayor. Caeremos en las redes de «influencers» que comprobemos que, paradójicamente, no se dejan influenciar. Lo que ya no sé es si, dado el caos reinante, llegaremos a a verlo. Pero por algo será que, en los países más avanzados en la información y la garantía de su libertad, carecen de importancia las audiencias en función de su número de lectores, oyentes o espectadores y se ha impuesto la credibilidad que entre estos mismos receptores merece cada emisor.
