Agravios comparativos

Reconozco que comparto con un comunicante, amigo de este blog, su extrañeza por el hecho de que el Mallorca haya logrado reunir en torno a 14.000 socios sin saber cuántos de ellos podrán acceder al estadio de Son Moix debido a las restricciones sanitarias impuestas por la pandemia de la COVID 19. Quizás debería decir indignación como mínimo.

Según parece el Govern Balear ha decidido que los eventos deportivos en exteriores solamente pueden acoger a 5.000 espectadores, lo cual deja fuera a dos terceras terceras partes de los abonados a quienes, graciosamente, se ofrece un intercambio con prendas de la tienda oficial del club por si se lo quieren replantear. Allá cada cual y bien está que quien quiera regalar su dinero lo haga. Pero lo cierto es que el club ha pecado de ingénuo, o todo lo contrario, al lanzar una campaña de captación que, así a bote pronto, empieza con mal pie porque el problema, como bien me indica mi interlocutor, no reside en haber adalantado  unos buenos cientos de euros a cambio de no se sabe qué, sino en compensar el agravio comparativo entre quienes puedan ver  al Real Madrid, el Barça o, por el contrario, tengan que conformarse con el Alavés o el Elche, sin más derecho que entrar en un sorteo.

El público, pese a ser su único cliente, es el gran maltratado de este negocio. No es que cada vez pinte menos, sino que no pinta nada y aunque el ensayo del fútbol de gradas vacías haya resultado un fiasco, no les quepa la menor duda que es una de las grandes aspiraciones de los dirigentes. Los aficionados son su coartada, pero al fin y al cabo no aportan más allá de un cinco por ciento de los presupuestos, una nimiedad en comparación con lo que paga, aun, la televisión y lo que dejan, todavía, los movimientos de futbolistas.