¡Ay!, si todos hablaran

«Por sus frutos los conocereis» dijo Jesús en El Sermón de la Montaña según el evangelio de San Mateo. Una gran verdad encerrada en la comparación «¿acaso se recogen uvas de los espinos o higos de los abrojos?», de la que Andy Kohlberg, presidente del Mallorca, no ha aprendido nada a pesar de que las obras de su CEO Alfonso Díaz y su director de fútbol, Pablo Ortells, les han puesto en evidencia.

Quién defendió la portería con singular acierto, Dominic Greif, ha contado en DIARIO DE MALLORCA, la razón por la que prefirió ser traspasado al Olympique de Lyon con 29 años y en torno a cuatro millones de euros,- ahí pica más allá de que su esposa fuera de las que se quejaron por el trato recibido en la Supercopa de Arabia- que no fue ni el hecho de que los franceses disputaran la Europa League con un objetivo más ambicioso que el que le esperaba en Palma, sino que a su portero suplente, Leo Román, le ofrecieron mejores condiciones a pesar de no contar para Jagoba Arrasate más que en dos partidos, Barça y Real Madrid, frenta a los 36 del titular.

El eslovaco ha jugado en 29 partidos de liga y seis de la competición continental, ha dejado su portería a 0 en 11 ocasiones por las cuatro del ibicenco, encajando 37 con una media de 1,27 por partido frente a los 1,51 del elegido por director deportivo local. Claro que no es justo imputar solamente a los guardametas la responsabilidad exclusiva de tales cifras sin contar con los defensas y el resto de sus respectivos equipos, aunque podríamos enumerar en cuántas ocasiones costaron puntos los errores de cada uno.

Lo grave no es que Ortells se decantara por un portero algo más joven de cara a un futuro que, visto lo visto, representará un retroceso en la carrera de toda la plantilla, cancerbero incluído. Lo peor es el desprecio a los servicios del traspasado al plantear una oferta por debajo de su inferior, por no añadir el fichaje de Bergstrom como nuevo suplente que, mala suerte, tuvo que colocarse bajo los tres palos durante cinco jornadas consecutivas. Por decirlo suavemente la operación queda calificada como algo más que una simple metedura de pata, no la única lamentablamente, si bien sus consecuencias o al menos una parte de ellas, no las ha sufrido nadie más que el equipo, el club y, sobre todo, la afición que sigue indignada y con toda la razón.

¡Ay! si todos los jugadores contaran la verdad.