Blanqueo arbitral

Los árbitros de fútbol han montado su propio sindicato. Tal vez para defender sus condiciones de trabajo, lo que define su razón de ser como tal.  No está tan claro que sirva para contrarestar campañas en su contra como la sustentada desde Real Madrid TV a lo largo de la pasada temporada tal y como alguno de los fundadores ha dejado caer.

Es un primer paso. El segundo lo tiene que dar la Federación Española de Fútbol, de la que todavía dependen, otorgándoles un grado de emancipación del que carecen. Un acto de buena voluntad sería dejarles que designen a sus propios órganos directivos en lugar de que lo haga mediante decreto el presidente federativo.

El futuro dirá si los cambios solamente responden a un lavado de cara superficial o influirán en una voluntad de cambio. De momento la designación de ascendidos y descendidos apunta a una continuidad de métodos más allá de que felicitemos al mallorquín Busquets Ferrer, merecidamente nombrado árbitro FIFA en sustitución del riojano Soto Grado que ha perdido la escarapela.

Al Comité de la Rioja lo han compensado con el ascenso a Primera de Sesma Espinosa, árbitro del partido de vuelta de la promoción entre el Oviedo y el Mirandés, como ya ocurrió con el cántabro Cordero Vega hace un año tras el Espanyol-Oviedo. La retirada por edad del andaluz Melero López ha motivado su relevo por Guzmán Mansilla, aquel de Málaga y este de Jaén. Asturias se queda sin embargo sin representante en la élite debido a la retirada de González Fuertes a quien reemplaza Gallech Apezteguía, que devuelve a la categoría a un navarro, sin presencia desde la jubilación de Undiano Mallenco.

Decisiones previsibles todas ellas a excepción de la baja del canario Pulido Santana que, como sus compañeros, se vestirá ridículamente de uniforme para colocarse ante una pantalla de plasma. La creación de un cuerpo específico de VAR permitiría alumbrar cierta esperanza, pero eso no le interesa ni a la Federación ni al colectivo. Se van, pero quieren seguir cobrando.