BOMBA DE OXIGENO (4-1 en Son Moix)
Cuando sobre la bocina, justo antes del descanso, el Sevilla, mediante golazo de su refuerzo invernal Maupay, igualaba el tanto de penalti convertido por Muriqi, pocos pensábamos que los jugadores del Mallorca fueran capaces de secar el agua fría que les había caído encima. A falta de determinadas virtudes, levantaron el partido a base de casta e intensidad, solidaridad y sacrificio. Samu, en su mejor versión, anticipó una goleada excesiva para los andaluces, inútiles poseedores del balón, Muriqi, 16 goles ya, remató la faena coronada por Pablo Torre con el pitido final.
ALINEACIONES:
R.C.D Mallorca.- Leo Román (1), Maffeo (1), David López (2), Valjent (2), Mojica (1), Samu (3), Mascarell (1), Asano (0), Sergi Darder (2), Jan Virgili (2) y Muriqi (2).
Minuto 54. A.Sánchez (1) por Asano. Minuto 82, Joseph (-) por Virgili y Morlanes (-) por Sergi Darder. Minuto 90, Abdón (-) por Muriqi y P.Torre (-) por Sergi Darder.
Sevilla C.F.- Odysseas (1), Carmona (0), Kike Salas (1), Cardoso (1), Suazo (1), Juanlu (0), Mendy (1), Agoumé (1), Peque (0), Maupay (2) y Akor (1).
Minuto 59, Alexis (0) por Peque y Ejuke (1) por Juanlu. Minuto 78, Isaac (-) por Maupay y Sow (-) por Cardoso.
ARBITRO:
César Soto Grado (2), nacido en Avila pero del Comité de La Rioja. Tranquilo e inmutable, señaló penalti sobre Jan Virgili por indicación de Pablo González Fuertes desde la cabina VOR. Comedido con las tarjetas que vieron Mascarell e Isaac, una por bando. El Mallorca cometió 16 faltas por 8 el Sevilla.
GOLES:
Minuto 23, dentro del área, Jan Virgili se va de Carmona que deja la pierna izquierda atrás, derribándole. El árbitro aprecia en primera instancia que es el delantero quien choca con el defensa, pero avisado para la revisión, señala el punto fatal. Transforma Muriqi engañando a Vlachodimos.1-0
Minuto 45, Virgili y Mascarell se hacen un lío en la salida del balón, lo roba Peque que profrundiza sobre Maupay que sorprende a Leo Román con un disparo alto y cruzado a la escuadra opuesta. 1-1
Minuto 52, otra vez Jan Virgili pisa el área, se va del lateral y centra al segundo palo por donde Samu entra libre de marca y fusila a portal vacío. 2-1
Minuto 73, esta vez es Samu quien se escapa por la banda izquierda, centra al interior del área donde no llega ningun zaguero blanco, pero si Muriqi, cuyo remate a placer toca en la espalda de Sergi Darder y descoloca al portero. 3-
Minuto 96, Joseph galopa en contraataque en campo adverso y cerca de la frontal profundiza sobre Pablo Torre, que quiebra a Kike Salas y bate por bajo a Vlachodimos. 4-1
El Sevilla botó 8 saques de esquina, por 3 el Mallorca.
A LA FUERZA AHORCAN
El refrán que ilustra esta crónica significa que cuando no queda otra porque las circunstancias obligan, el individuo hace cosas que no acostumbra. Los hombres de Arrasate pusieron a contribución de un triunfo merecido lo que tantas veces hemos echado de menos: intensidad. Los equipos que, como este, carecen de fundamentos futbolísticos más profundos se ven obligados a suplir sus carencias técnicas con un espíritu de lucha superior al de su propio rendimiento, característica común a la mayoría de los más modestos de primera división y recursos limitados.
El gol que abrió el marcador en una pena máxima que los castigados discutirán, debía permitir afrontar la trascendencia del lance con más tranquilidad que la exigida por la clasificación, pero de nuevo una acción infantil entre Jan Virgili y Mascarell al no dejar un balón dividido al jugador que va de cara, originó un avance inesperado del enemigo que acabó en la red defendida por Leo Román para restablecer el empate inicial en el peor momento, el previo al intermedio. Vuelta a empezar.
El Sevilla se acostumbró al dominio de la pelota y enfocó la reanudación desde su posesión, 67% contra 33%, convencido de que en una u otra le llegaría el premio. Pero fue al revés. Disponer del cuero y mandar en el centro del campo no sirve de mucho si la infantería no acosa al enemigo y el ejército de Almeyda se olvidó de la presión adelantada que había ejercido en el primer acto. Muriqi empezó a sacar a su implacable vigilante, Cardoso, de su zona de confort, mientras que Samu, jefe absoluto, y Sergi Darder abandonaban la suya ocupando espacios más amplios que minutos atrás. Con sendas avanzadillas y la velocidad de Jan Virgili, el armazón andaluz que había dibujado un 3-5-2 amenazador, se diluyó gol a gol y cuando le entrada de hasta cinco atacantes y solo dos defensores encontró un repliegue férreo y pragmático, pero no desesperado, la faena se inclinó hacia el bando más entregado hasta el descabello ejecutado por Pablo Torre para mayor derrumbe del perdedor.
Era una victoria imprescindible pero, sobre todo, una lección para lo que queda de liga porque si no es jugando al trescientos por cien, este equipo volverá indefectiblemente a las andadas.

