Cada cosa en su sitio (y II)

El Mallorca conoció las dos caras de Mateu Alemany. Un gestor entregado y trabajador que Miquel Contestí incorporó al club en 1990 y escaló desde un peldaño adjunto a la gerencia hasta convertirse en director general y presidente hasta su salida en 2005. Cuatro años después, en 2009, ya no era el mismo, sin el potencial que en su día había representado el apoyo económico de Antonio Asensio Pizarro y el Grupo Zeta.

Asociar su figura a la de algunos de los fichajes de aquella década de oro del club no hace justicia a quienes de verdad los procuraron. Como contábamos ayer, a Cúper lo impuso el dueño a través de Bahía producciones, igual que años más tarde ordenó la contratación de Luis Aragonés, compañero de Asensio en las tertulias veraniegas de Marbella. Tampoco fue el artífice de la cesión de Etoo, un regalo envenenado Lorenzo Sanz, presidente del Real Madrid y consuegro del empresario, quien había pedido sin éxito a Ognejovic y se tuvo que conformar, por suerte, con el camerunés cuya fama de díscolo no encajaba en la filosofía merengue. Eran otros tiempos.

El traspaso de Samuel al Barça fue, esta si, una de las operaciones que contribuyeron a la fama del abogado andritxol en determinados círculos, aunque antes ya había demostrado su habilidad en traspasos como los de Marcelino al Newcastle o Luque al Deportivo. Supo rodearse de algunos buenos colaboradores como Miquel Ballester en la asesoría jurídica, mallorquinistas de pura cepa en el consejo de administración (Buades, Rotger, Reynés, Delgado o Coll), desde el que autorizaba o no los fichajes, labor que, sucesivamente recayó en Pep Bonet o Nando Pons. No tanto en áreas ejecutivas.

Ha dejado un cierto grado de nostalgia en el mallorquinismo, por eso recordar quién fue quién y lo que hizo o no requiere matices para repartir medallas y definir méritos por sectores diferenciados.