Ciegos y vagos
El ascenso del Porreres i el Poblense a Segunda Federación, donde se van a medir al Atlético Baleares por encima del Mallorca B, descendido a Tercera y acompañando al CD Andratx, debería sonrojar a los propietarios y ejecutivos de los dos clubs palmesanos. No porque eso suponga un demérito de los tres representantes de la Part Forana, sino un descrédito para los directores deportivos Pablo Ortells y Patrick Messow extensivo a sus respectivos grupos de colaboradores, observadores y ojeadores.
El bajísimo nivel de exigencia aplicado a las plantillas de ambos equipos, se extiende al que deberíamos llamar departamento de recursos humanos deportivos en lugar de secretaría técnica. El fracaso del filial mallorquinista en la cuarta categoría del fútbol español permite equiparar a los futbolistas que pisan los campos de Sa Pobla, N’Hereveta y Sa Plana con las promesas que en hipótesis estarían en la sala de espera para embarcar hacia primera división o, llamemos a las cosas por su nombre, los Jan Salas o Marc Domenech de turno no son mejores que los recién ascendidos de categoría.
El marcado desinterés de los dueños del Mallorca por la cantera no oculta el reiterado fracaso de Ingo Volmann en el Estadio Balear. La remodelación de sus gradas y el cuidado del césped, gentilmente regalado por l’Ajuntament de Palma, imita la cortina de humo del CEO Alfonso Díaz en Son Moix con las cerchas de la tribuna este o las cristaleras del túnel de vestuarios en el recinto municipal. Mucho continente sin contenido.
Profesionales que solamente se dedican a esto no solamente muestran una ceguera absoluta sino una vaguería de tal alcance que les impide ver incluso lo que tienen ante sus propias narices, pero si los jefes lo consienten y les mantienen allá se las compongan. Ya se lo conté hace unos días, he visto más autenticidad en dos partidos de Regional Preferente que toda la temporada en el Camí dels Reis o la Vía de Cintura.

