Con prisas y sin pausa

A cualquier político que estrena cargo se le suelen conceder 100 días antes de valorar su labor. El fútbol no da para tanto, especialmente en situaciones como la que vive el Mallorca debido, entre otras razones, a la seria amenaza de descenso que pesa sobre los jugadores y el club cuyo único patrimonio, la categoría, se ve amenazado por la mala cabeza de los accionistas y la peor gestión de sus ejecutivos, que han llamado a Martín Demichelis para revertir el inminente peligro.

Al filo del cambio de siglo llegó al club Luis Aragonés de cuyo fichaje recelábamos todos con motivo de su bajada a los infiernos con la misión de salvar al Real Oviedo de terminar con sus huesos en Segunda. No era, a pesar de su largo historial, una incorporación ilusionante, pero no tardó nada en revelar sus conocimientos hasta el punto de cimentar a partir de entonces los momentos más brillantes de su carrera y conducir no solo al Mallorca más brillante de los últimos tiempos, sino a la propia Selección Española a la conquista de Europa.

Aquella lección me enseñó a no precipitar determinadas opiniones en tanto en cuanto no transcurra el tiempo necesario para que cada cual demuestre sus aptitudes y también, por supuesto, sus actitudes. Si al técnico argentino que acaba de hacerse cargo del destino del equipo y quién sabe si de la SAD, no le importa nada de lo ocurrido antes de su aterrizaje, lo que me parece lógico y normal, a mi tampoco me interesa  lo que hiciera antes tanto para lo bueno, que sin duda lo hubo, como para lo malo, que también.

Espero que lo que se ha calificado como la buena temporada precedente, coartada utilizada por la dirección de fútbol para justificar dos mercados impresentables, verano y enero, no le induzca al mismo tropiezo. Convenimos en que se hizo una magnífica primera vuelta, seguida de un año completo, todo el 2025, de verdadero pánico. El presidente y los directivos no lo han querido ver ni considerar, allá ellos con sus razones, no razonamientos, pero el recién llegado necesita calibrar por si mismo le calidad deportiva y humana del vestuario que se le ha encomendado sin informes viciados. Tendrá que hacerlo en pocas jornadas porque esto no es tan largo como cree y declara.