Crisis con fundamento

Cuando Pablo Ortells, bajo el control absoluto del CEO, Alfonso Díaz y el que ejerce el presidente Kohlberg a través de vídeo conferencias, planificó la temporada en curso, cometió el error de basarse en la buena clasificación final del equipo, debido a una espectacular e inesperada primera vuelta de la anterior, en lugar de reconocer y analizar más seriamente lo sucedido en la segunda.

Jagoba Arrasate inició entonces sus vacaciones con el deseo de retomar su trabajo al frente de una plantilla reforzada para superar el ejercicio precedente. La primera en la frente: se encontró con el traspaso del portero que él había elegido. Con Maffeo en la rampa de salida, sin su mente en el equipo, hasta el último día de mercado, Samu con un pié en Arabia o cualquier otro lugar en plena concentración. Le trajeron a Jan Virgili para el tercer partido de liga, ¡nueve puntos! en disputa que ahora saben lo que cuestan, pese a ser conscientes del comienzo deparado por el calendario y a Kumbulla, lesionado, con el ultimísimo tren. A Pablo Torre también, si. Y a Van der Heyden y Copete, no. Quien no se consuela es porque no quiere, y  Joseph no era, evidentemente, consuelo bastante.

Con el balón en fase de precalentamiento, estalla el caso Dani Rodríguez como prolongación de indisciplinas previas. Las caretas de Abdón, la Kings League de Maffeo, las reivindicaciones públicas de Leo Román, Antonio Sánchez  o el propio Copete reclamando un protagonismo al que no se habían hecho acreedores. No solo perdieron el entrenador, el tigre de Betanzos y el club, Se olvidaron de la mayor perjudicada: la afición. Todos los protagonistas seguirán cobrando sus sueldos, millonarios en todos los casos, pero los seguidores además de sufrir más que los demás porque no les mueve una contraprestación laboral sino un sentimiento antiguo y visceral, paga. En el fútbol negocio que el presidente Kohlberg ha ido a glosar en Londres y que su CEO Alfonso Díaz sigue leal y fielmente, la afición no es sino la clientela.

Del mercado de invierno o, mejor dicho, la pantomima, no es preciso aclarar lo que salta a la vista. Llama la atención que en un arranque de «pit i collons» al estilo Laporta, el presidente Kohlberg ordene la destitución de Arrasate aun a costa de pagarle el año y medio de contrato que le quedaba, con cuyo dinero habría sido suficiente para fichar a algún futbolista más allá del futuro de Kalumba y el limbo de Luvumbo. Una reflexión que su director de fútbol, ni su colaborador Aritz Aduriz tuvieron voluntad u ocasión de replantear  al confundir la obediencia con el vasallaje.

No seré yo quien opine del nuevo entrenador antes de conocer su trabajo. Podré tener mis gustos personales que nunca han afectado al análisis de métodos, circunstancias y conclusiones, pero huyo de prejuicios, lo cual no implica que el currículum que acompaña la trayectoria de cada uno deje de ofrecer pistas una vez se hagan públicas las condiciones del contrato.