Cuanto mejor, peor
La injerencia de las federaciones deportivas en las competiciones profesionales es lo que permite a las instituciones internacionales como FIFA y sus satélites o subdelegaciones -CONCACAF, UEFA, CAF, AFC y derivadas- aprovecharse de los clubs y los propios futbolistas para generar un negocio monumental que no redunda de ningún modo en la brillantez del espectáculo ni las prestaciones de los jugadores.
El fútbol en particular ha mejorado en la evolución de la preparación física de los futbolistas y la tecnología aplicada sobre las técnicas colectivas e individuales y sistemas de entrenamiento y estrategia, pero nada que trascienda al terreno de juego cara al espectador. Las autoridades de referencia se limitan a cambiar normas reglamentarias que confunden, dividen y manipulan la esencia del juego y crear cada vez más torneos que tienden a repercutir en una saturación del calendario en beneficio de la televisión, el único combustible que mantiene el motor en marcha, y en perjuicio de los «esclavos de oro del balón», como los bautizó Tomás Martín Arnoriaga en su libro del mismo título publicado en 1976.
La convocatoria cuatrienal de los mundiales de selecciones invitaba al ensayo de nuevos dibujos dibujos y sistemas. Quienes nacimos con la antigua W M, tres defensas, dos medios y cinco delanteros, veíamos el constante retroceso de las líneas de ataque en favor de unos planteamientos más conservadores. Pronto ese 3-2-5 se transformó en un 3-4-3 al retrasar la posición de los llamados interiores que lucían los dorsales 8 y 10. El siguiente paso fue situar a dos centrales en la zaga que de 3 pasó a 4 elementos, 4-3-3. Poco a poco la creatividad colectiva cedió ante la genialidad particular y el culto a la estrella de turno: Pelé, Di Stéfano, Kubala, Beckenbauer, Maradona, Messí, Cristiano, Mbappé y ahora Yamal. Sin embargo lo cierto es que el siguiente paso fue 4-4-2, otro delantero menos, que ha derivado incluso en 5-4-1 o (como variante ofensiva máxima por no recurrir a la «boutade» del «falso nueve») , un 5-3-2 , un 4-1-4-1 en función de los recursos de cada técnico y plantilla.
Pero la pregunta qué debemos hacernos es si lo que vemos hoy sentados en el sofá ante la pantalla nos atrae más que lo que veíamos hasta no hace mucho, en las gradas de un estadio. Y mi respuesta es NO, en mayúsculas. Corre más plata, la madre del cordero, pero cada vez nos aburrimos más y ni el «fútbol rosa» ni el «fútbol disney» lograrán rescatarnos.
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