Cuestión de sensibilidad
Los políticos son seres humanos como los demás y precisamente por eso deberían ser más sensibles antes de tomar ciertas decisiones. No se pueden convocar cenas de trabajo en restaurantes públicos cuando disponen de sus despachos pagados, por cierto, con nuestros impuestos. Las empresas privadas pueden reunirse donde quieran, las públicas no y mucho menos prolongar la jornada en un bar de copas hasta las dos de la madrugada. Y no, no basta una disculpa. El almacén de los perdones se cerró tras los elefantes de Botswana.
Solo unas semanas después, los aficionados del Mallorca se han quejado con razón, por la presencia en el palco de Son Moix de la presidenta del Consell Insular y del alcalde de Palma en un estadio en el que no se permite la asistencia de público debido a las restricciones impuestas por la pandemia vigente. Y por mucho que ambas autoridades fueran invitadas, ya sea por el club o por la Liga de Fútbol Profesional, contra el vicio de invitar está la virtud de rechazar. El uso posterior de las redes sociales como descargo no redime de la irresponsabilidad igual que la ignorancia de la ley no exime de su cumplimiento. Que, por si fuera poco, sea un antiguo conseller de Mes, Biel Barceló, de turismo para más señas, quien aproveche para afear su gesto a Catalina Cladera o al señor Hila, clama al cielo al venir de este alto cargo que se pasó una semana de vacaciones en el Caribe a cargo de una televisión local bajo el patrocinio de una compañía aérea y hotelera.
Evidentemente el organismo que dirige Javier Tebas no ha de poner a disposición de nadie, por muy políticos que sean, un asiento ubicado en un recinto cerrado al público. No por peligro de contagio, sino por sensibilidad, ejemplaridad y carencia de privilegio alguno. Pero, por supuesto, el destinatario del inapropiado obsequio debe cubrir con su buen entendimiento, el desliz del ignorante. Alguien del club también se lo debió advertir, sobre todo si tenemos en cuenta que días antes, precisamente técnicos del Consell denegaron al club la licencia para construir una residencia de estudiantes futbolistas en la Ciudad Deportiva de Son Bibiloni. Y ya saben lo de la mujer del César.

