Dani Rodríguez, libre; García Plaza castigado

Antes de la implantación del VAR, el Comité de Competición rearbitraba determinadas acciones, quitaba y ponía tarjetas a voluntad del juez único y a tenor de imágenes de televisión que les hacían llegar. Recuerden, por ejemplo, la expulsión del «Mono» Burgos cuando defendía la portería del Mallorca y en el estadio de Montjuich le propinó un puñetazo a Serrano que pasó desapercibido para todo el mundo, incluido el árbitro a la sazón, si no recuerdo mal, Megía Dávila. El caso es que el Espanyol hizo llegar un vídeo a la Federación Española basándose en el cual al portero argentino le cayeron once partidos de suspensión. Ni acta arbitral, que no recogía nada, ni leches. Paradigma de intervención, aunque hubo otras y no pocas.

Ahora la pantalla que el árbitro puede consultar a pie de campo mediante instancia de su compañero en cabina ha evitado este tipo de injerencias y, generalmente, los órganos disciplinarios se limitan a tipificar desde la redacción de las actas hasta su correspondiente aplicación de acuerdo con el reglamento en vigor. Los recursos sirven de poco en su mayoría, Luis García Plaza verá los dos próximos partidos desde la grada, pero nadie se mete en bosques muy intrincados y el «twit» de Dani Rodríguez se quedará en agua de borrajas al menos de cara al exterior más allá de que el club haya tomado alguna medida porque, créanme, el gallego ya está «matriculado».

Lo que tendría que explicar el presidente del Comité Nacional de Arbitros es porque no se respetan ni la norma ni el espíritu del vídeo arbitraje que solo ha de intervenir en acciones meridianamente CLARAS que no haya apreciado el colegiado en el terreno de juego. Y no, aquí se revisa absolutamente todo, lo claro, lo oscuro y  si un fuera de juego es por la punta de la nariz o la uña pequeña del dedo izquierdo que está más adealantada que la del defensa. España es, de verdad, diferente.