De la ambición a la utopía

No creo que haya ningún club de fútbol que haya incrementado su número de abonados un 43% de una temporada a otra, que es el objetivo que se ha marcado el Mallorca según afirmó su director financiero,  Alfonso Diaz, en la presentación de la campaña de socios para el período agosto-junio 2023-24. Si a la hora de reforzar el equipo fueran tan ambiciosos no solo Javier Aguirre, el entrenador, daría saltos en México visibles desde Palma, sino que, en paralelo, la meta deportiva debería ser disputar una competición europea.

Solo una vez en su ya centenaria historia se ha rozado la cifra de 20.000 abonos. Fue en la temporada 1983-84, hace cuarenta años, en que compitió en primera división después de haber bajado casi a regional preferente de haberse demostrado un soborno aceptado para perder en el Lluis Sitjar ante el Mestalla, cuya entrega en el Bar Cristal acabó con el entonces directivo y eterno capitán, el bueno de Juan Forteza y un cuñado suyo, en el calabozo. El ideólogo de la captura, en connivencia con la Policía Nacional, fue el secretario de la Federación Balear de Fútbol, a la sazón don Sebastián Alzamora, cuya posterior dedicación al asunto evitó mayor condena ahogándose en los Tribunales.

Habían sido muchos años en el fango y bajo la presidencia de Miquel Contestí, el club resurgió económicamente y deportivamente y en cinco etapas pasó de Tercera a Primera. De ahí al éxito de la convocatoria que, sin embargo, duró lo mismo que aquel campeonato. El equipo acabó penúltimo, descendió a Segunda A y desde entonces no ha vuelto a rozar siquiera semejante cifra de carnets de los mal llamados socios, en lugar de abonados.

Habitualmente se inscriben como tales a todos los integrantes de los diferentes cuerpos de la SAD: directivos, empleados, técnicos, jugadores y familiares de los distintos equipos y secciones. Por eso siempre hay que desmenuzar las cifras oficiales. Aun así ojalá se cumpla tal deseo, lo que constituiría un verdadero hito. Quizás un sueño imposible. O no.