¿Igualdad?, ¿qué igualdad?

Imagínense un mundial de boxeo en el que los pesos pesados compitieran con los welter, los medios y los ligeros. O un torneo hípico en el que caballos al galope y trotones corrieran juntos. Un gran premio de motociclismo con las máquinas de 500 c.c, 250 y 125 rugiendo al mismo tiempo en el mismo circuito. Imposible, verdad. Pues esto es el fútbol español de cuya igualdad tanto presume Javier Tebas, experto en contar películas de indios que no creerían ni en Hollywood.

La Liga de Fútbol Profesional acaba de publicar la relación de los límites salariales de los clubs de primera y segunda división. ¿Qué igualdad puede haber si dos equipos, Madrid y Barça, este con más palancas que las vías de los antiguos ferrocarriles, disponen de diez veces más margen para fichar que casi la mitad del resto, el doble de los que le siguen, y multiplican por seis las opciones de los cuatro o cinco que quedan?. ¿Por qué no te callas?.

La coartada de dicha aplicación es el llamado «fair play» financiero. Me pregunto qué «fair play», si la mayoría de clubs se encuentran en quiebra técnica, registran pérdidas millonarias y algunos, como el Betis, sin palanca ni polea que les valga. ¡Hombre!, que para subsistir han suscrito un préstamo a devolver en cincuenta años. ¿Qué nos quieren vender?.

El fútbol de antaño puede que fuera un circo, el opio del pueblo decían, el de ahora también es un circo pero romano, con sus leones, sus gladiadores y los senadores y el emperador riéndose en el palco. La sangre sale del bolsillo de los aficionados, como no podía ser de otra manera.