De líderes y/o caudillos

Tal como ha evolucionado el fútbol manejar el vestuario, esto es el grupo, se ha convertido en tan o más importante que trabajar la preparación física, la estrategia, el sistema o cualquier otra faceta de la tarea de un entrenador. Héctor Cúper no admitía más lider que él mismo, Gregorio Manzano usaba a las mil maravillas sus dotes de psicólogo, Engonga le decía a Etoo «aquí el negro soy yo» y en plena guerra entre catalanes y holandeses en el Barça de Serra Ferrer, quien tenía que imponer paz y calma eludía cualquier responsabilidad: «mister no m’atabali»

Los técnicos suelen buscar complicidades en el seno de la plantilla. Unos prefieren soplones, que los hay como en otros muchos lugares, pero los más centrados ceden la corona a los más destacados, a los decisivos, a los que ganan partidos. Por ejemplo, Leo Messi en el Barça. También hay quien se inclina por la raza, el sentimiento, la capacidad de transmitir valores y compromiso, como Sergio Ramos en el Real Madrid. Sea por una causa o por la otra, la elección no es fácil porque si uno se equivoca puede terminar envenenando el ambiente en lugar de motivarlo.

Hace algunas semanas se rumoreó que en Son Bibiloni el aire se podía cortar con un cuchillo. Cabe abrir un paréntesis para señalar que los malos resultados abonan el terreno para la siembra de minas y, en cambio los buenos lo convierten en un vergel, un remanso de buen rollo. Como aseguraba un magnífico preparador, en cuanto se pierden un par de partidos florecen las lesiones y en caso contrario todos se pelean por jugar. Mi sensación, visto desde fuera y sin conocimiento de causa, es que en la Ciudad Deportiva Antonio Asensio son los veteranos, quizás no todos, quienes lucen galones. O sea, los que vienen apechugando desde Segunda B. Si es para bien o para mal, lo sabrá García Plaza.