De pedir a no dar
«El rumor es la antesala de la noticia», decía frecuentemente mi admirado ex jefe y compañero José María García. Eran otros tiempos. La rumorología ha derivado en una rama del populismo ajeno al rigor y al amparo del anonimato cobarde. Las redes sociales han propinado una estocada mortal al periodismo independiente y veraz a falta solamente del descabello.
El CEO del Mallorca, el casi presidente Alfonso Díaz, no ha tardado ni dos días en auto entrevistarse en su zona de confort, la web del club. Debe ser particularmente triste estudiar la carrera para terminar escribiendo al dictado de tus patronos y, más penoso todavía, sus ejecutivos e incluso algún mindundi con ganas de salir en alguna foto. Un salvoconducto para pasar página debido al nulo interés. La línea que separa la información de la publicidad y la propaganda se ha reducido hasta la invisibilidad.
En el capítulo de fútbol algunos medios ya se atreven a dar por hecho el fichaje de Pablo Torre. No tardarán algunos en esgrimir el famoso «como ya les adelantamos……». La primicia, señores, ha perdido la batalla ante el buen relato. No valoraremos al jugador hasta concluido el primer tercio de liga y mucho menos los pormenores de su contrato y traspaso. Cada cual con su dinero hace lo que quiere y, como hemos visto, en Son Moix no hay mucho.
Otra cosa es la tesorería ajena. Conocí a un empresario, uno de tantos, para el que sus euros valían el doble y los de los demás, la mitad. Pablo Ortells tasó sin éxito a Leo Román en siete millones, ignoramos qué precio le ha puesto a Larin y, por lo visto, pretende obtener cuatro por Copete, normal cuando uno ha pagado tres y medio por Van der Heyden. Claro que entre el vicio de pedir, está la virtud de no dar.