De querer a poder

Aunque cada vez es más difícil hacerlo y hay publicaciones deportivas que dedican más espacio al divorcio de Risto Mejide y las infidelidades del pretendiente de Tamara Falcó, hablemos de fútbol.

Cuando Javier Irureta entrenaba al Deportivo, que no levanta cabeza desde que perdió la promoción de ascenso contra el Mallorca, alertó sobre la proliferación de lo que llamó «fútbol rosa». No se refería a la mezcla de noticias «del corazón» en programas y medios dedicados al fútbol, pero si al primer paso que supuso estar más pendientes de la novia de Cristiano Ronaldo que del juego del portugués, para que lo entiendan.

¿No íbamos a hablar de fútbol?. Si, perdón. Veamos, dice Javier Aguirre que su equipo defiende mejor que ataca, algo que ya sabíamos porque salta a la legua. La pregunta es si ello se debe a la falta de práctica, ensayo, entrenamiento y estrategia táctica o, por el contrario, en esta plantilla no hay mimbres para pensar en la ejecución de un juego más vistoso y ofensivo. Me inclino por lo segundo.

Hace ya demasiado tiempo, un técnico más sabio que pragmático, José Luis Saso, me dijo que hay dos clases de entrenadores: los amantes de un dibujo o sistema de juego que fuerzan a sus pupilos a pasar por el tubo de sus teorías o, de otro lado, aquellos otros que se adaptan a las características del plantel que cada club pone a su disposición. Me temo que el mexicano pertenece a este segundo grupo, pero nos quedaremos sin saber qué haría si tuviera ejército para otro tipo de guerras. Es la vieja lucha entre el querer y el poder.