De socios a abonados

Socios o abonados no son lo mismo. Solo cuatro clubs de la Liga de Fútbol Profesional tienen socios: el Barça, el Real Madrid, el Athletic y el Osasuna. Los 38 restantes son sociedades anónimas deportivas que se rigen por una ley hoy día obsoleta con un régimen fiscal y jurídico diferente. Una evidente irregularidad a la que ningún gobierno quiere hacer frente a pesar de las ventajas de la minoría sobre la mayoría. Y si en el 82 cada entidad podía elegir entre su reconversión, con ayuda del Estado, o continuar como sociedad «sin ánimo de lucro», ¡qué paradoja!, ahora ya no hay alternativa, pues cualquier equipo que ascienda a Segunda A dispone de un año de plazo para tranformarse.

Mientras los cuatro citados se deben, al menos en hipótesis, a sus socios que, en términos generales, cubren una quinta parte de sus presupuestos, la participación de los abonados en los 16 competidores de Primera y los 22 de Segunda apenas alcanza un 5 por ciento de sus ingresos y tanto económica como societariamente no pintan una regadera. Aun así merecen diferente consideración en clubs como el Betis o el Atlético de Madrid con fuertes raíces sociales y sentimentales, que en otros como el Mallorca, y siento decirlo, caído en manos de financieros americanos que especulan al amparo de la coartada que representa eso que se llama «amor a los colores»; amor de los demás, claro, porqué el único color que persiguen los inversores, sean de aquí o del Valencia, Espanyol, Granada, etc, es el del dinero. Y sin prisas. Otro caso digno de estudio es el del Villarreal, cuyas acciones residen en empresarios nativos que aglutinan el alma de todo un pueblo.

Ahora que parece que se va a imponer el fútbol frío, no es malo saber perfectamente dónde está cada uno. Sin espectadores no va a haber aplausos, vítores, ni «a la bi, a la ba, a la bim bom ba» que valga. Poco a poco se perderán los afectos de nacimiento y uno podrá ser del equipo que quiera igual que opera con el banco que le da la gana o le ofrece mejores condiciones. Que así se escriba, pero no se cumpla.