De tal madera, tal palo
A falta de solamente seis jornadas para que baje el telón de la liga, casi todos los equipos están donde deben. Como en la vida misma tienen la mitad de lo que se han ganado y la otra media ración de lo que han merecido. De haber alguna diferencia provocada por pequeñas alteraciones del guión, suele ser exigua y poco significativa.
Durante el primer tercio de la temporada y también al final, se producen resultados aparentemente extraños. Entre agosto y septiembre porque no se ha alcanzado el ritmo de la competición, ni el rendimiento físico óptimo y en los dos últimos meses debido a que el cansancio de una campaña tan larga y exigente no solo hace mella en la capacidad de resistencia de los jugadores, sino también en su velocidad mental. Aquellos que más lo notan se dejan ir de manera inconsciente. Le ha ocurrido al Getafe, según confesión de su propio entrenador y es lícito preguntarnos si sucede lo mismo con ciertos futbolistas del Mallorca. Sin embargo su actual posición en la tabla, no por engañosa menos real, supera la pertinente en relación a su presupuesto y sus números revelan un perfil reconocible.
Aunque los pronósticos en fútbol duran menos que el truco de un mal mago, sus opciones de disputar un campeonato europeo el próximo ejercicio no responden a la estructura de la plantilla y mucho menos aun a la del club. Entrar en función de la ampliación de las plazas adjudicadas a los equipos españoles no sería un buen regalo, dada la política dictada desde Phoenix y aplicada a rajatabla por sus ejecutivos a sueldo. El Girona es el ejemplo más reciente a pesar de sostenerse sobre una base de capital árabe menos restrictivo que el de los americanos presididos por Andy Kohlberg. Desde un punto de vista moral, obtener un pase administrativo no refleja ningunas realización personal ni colectiva.
La escuadra de Arrasate ha sumado menos puntos y mejores resultados lejos de Palma, prueba evidente de que su firmeza defensiva está por encima de su fragilidad como fuerza atacante y creativa. Tal obviedad resume la idea de juego a la que nunca renunció Javier Aguirre y destaca la humildad con la que su sucesor ha aceptado la herencia para mejorarla sin estridencias triunfalistas que no vienen al caso.

