Del coro al Caño

Ariel Ibagaza debería estar contento además de agradecido. Dani Güiza, que en el 2008 se proclamó máximo goleador de la liga y el segundo de Europa solo por detrás de Cristiano Ronaldo, acaba de decir que el «Caño» es el mejor jugador con el que ha coincidido. El relator no es un don nadie, también campeonó con el Fenerbahce, con el Cerro Porteño en Paraguay y con la Selección Española conquistó la Copa de Europa de aquel mismo año. Samuel Etoo afirmó lo mismo desde las filas del Barça después de haber militado con el argentino en las del Mallorca. ¡Qué tiempos aquellos!.

La tajante y firme convicción de ambas estrellas me ha llevado a reflexionar sobre la facilidad con la que actualmente se encumbra a deportistas en general, futbolistas en particular, por tan poco. Uno o dos partidos buenos y todos ya deberían ser llamados por Luis de la Fuente si juegan en Primera o proclives al reconociento reservado a los dioses.

Hemos leído en algunos medios la exaltación del delantero del Rayo, Camello, con el currículum de un par de goles en este comienzo de liga, precedidos de años en el banquillo sin captar el interés de sus propios entrenadores. Recordemos la fulgurante aparición de Asencio, el central del Real Madrid, que iba a competir con el reinado de Cubarsí y se ha quedado como aspirante a la cesión o un trapaso más pronto que tarde. Encontraríamos ejemplos semejantes con tiempo y espacio para ir de club en club, de equipo en equipo.

La mente humana no es capaz de asimilar la cantidad de información que recibe, si bien debería definir con precisión a qué llamamos información o, matizando todavía más, qué entendemos por noticia. Pero no hace falta utilizar ejemplos ajenos. Ahora mismo un partido y medio del Mallorca parece bastar para levantar espectativas pendientes de confirmación, apreciamos excelsas virtudes en jugadores que llevan años sin explotarlas y convertimos en promesas precipitadas a otros que aun no han pisado el cesped en mas de 180 minutos.

Luis García repite cada semana con razón que la competición es muy larga. La carrera profesional de los futbolistas, también. La voracidad que despierta el ansia de novedades de una sociedad aburrida de su propia prisa, acelera la producción de titulares que terminan transformados en breves gacetillas. Demasiada tempestad para dar paso a la calma. Cuando Ibagaza llegó a Palma recomendado por Héctor Cúper tuvo que pasar meses antes de poder debutar. El éxito tuvo que esperar, pero su ejemplo dejó huella imborrable como contraste a glorias efímeras.