Dos puntos menos (0-0)

Un empate y sin goles es la máxima renta que el Mallorca obtuvo de su viaje a Zaragoza. Fue incapaz de plasmar su evidente superioridad técnica y táctica a lo largo de más noventa tediosos minutos en los que las única oportunidades claras de gol, una por bando y falladas ambas, quedarían invalidadas por fuera de juego como justo castigo a los funestos remates de Bermejo y Amath respectivamente, a tono con el partido. Los locales salvaron un punto, si, pero los de Luis García Plaza perdieron dos.

ALINEACIONES:

R. Zaragoza.- Alvarez (1), Tejero (0), Guitian (2), Atienza (0), Nieto (1), Javi Ros (1), Francho (1), Bermejo (1), Pep Chavarría (0), Narváez (0) y G.Fernández (0).

Minuto 63, Igbekeme (1) por Javi Ros. Minuto 72, Vuckic (0) por G. Fernández. Minuto 83, Larra (-) y Zanimachia (-) por Bermejo y Pep Chavarría.

R.Mallorca.- Reina (1), Sastre (1), Russo (1), Valjent (1), Cufré (1), Baba (1), Febas (1), Lago Jr. (1), Dani Rodríguez (1), Amath (1), Cardona (0).

Minuto 62, Galarreta (1) y Mboula (2) por Baba y Lago Jr. Minuto 72, A. Sánchez (1) y Abdón (0) por Amath y Cardona. Minuto 84, Salva Sevilla (-) por Febas. .

ARBITRO:

López Toca (2) de Cantabria. Que un árbitro tan malo pasara desapercibido retrata lo que fue el encuentro. Mostró tarjetas amarillas a Javi Ros y Bermejo, del Zaragoza y a Baba, del Mallorca.

SOPORIFERO

Si, eran otros tiempos en los que un Zaragoza-Mallorca en La Romareda olía a primera división, levantaba ampollas y despertaba pasiones. Ya no. Programas lances de este calibre a las cuatro de la tarde es una mala idea, incluso para la televisión porque apetece más dormir la siesta que encender la pantalla. Y si hay medicinas que provocan somnolencia, uno las aguanta por prescripción médica, pero sacrificar un sueñecito reparador por tan pobre espectáculo excede los límites del más paciente de los humanos.

Los visitantes, que aspiraban a gozar del liderato al acabar la jornada dominical, una de las entelequias nacidas del irregular escalonamiento de las jornadas, solo lograron dormir sobre sus propios laureles. Abatieron muy pronto a un anfitrión digno de su posición clasificatoria en un espantoso inicio de liga sin que pudieran presumir de haberle perdonado la vida y si lo hicieron no fue porque buscaran ejecutarle en el cadalso, sino porque su ritmo de pachanga y sus pocas luces así lo permitieron.

Es cierto que el balón siempre estuvo en poder bermellón la mayoría del tiempo y que casi toda la segunda parte se jugó en el medio campo aragonés, lo cual empeora el análisis porque si eres mejor que tu rival y no lo aprovechas es que algo haces mal. Con distintos protagonistas fue una repetición de la tarde contra el Albacete, con la salvedad de que los manchegos juegan más que estos baturros y que Alvarez no tuvo ningún trabajo comparado con el que le dieron aquel día al mallorquín Tomeu Nadal.

Rubén Baraja, en la cuerda floja y con amenaza de caída, respiró con el resultado final. No podía aspirar a más, ni llegar a menos. En el otro banquillo no había motivos para brindis, ni para sonrisas. El modismo «si no puedes ganar, empatas» se dió la vuelta y se convirtió en «si puedes ganar ¿por qué empatas?».