«El borracho tenía razón»

Me contó Jesús Paredes, quien era preparador físico con Luis Aragonés, que dirigiendo al Real Oviedo en un partido contra el Atlético de Madrid en la capital del Principado, el marcador se les puso 0-2 y no hallaban la manera de revertir la situación. Desde ya antes del descanso, un espectador ebrio ubicado justo detrás del banquillo no dejaba de increpar al entrenador – «¡Luis, cambia al «7»!»- y así una y otra vez hasta el punto de que tuvieron que llamar a Seguridad para que desalojaran a aquel individuo que desquiciaba a técnicos y suplentes. El marcador no se movió, pero al retirarse a vestuarios Luis, apesadumbrado por la derrota, se dirigió a su ayudante: «¿Sabes lo que te digo Jesús?, que el borracho tenía razón. Debí sustituir al «7»».

Los profesionales del fútbol suelen considerar al público en general aficionados sin el menor conocimiento de lo que están presenciando. Eso incluye a algunos directivos y también periodistas con título o sin él, ahora que el asunto de los currículums centra el foco de los funcionarios que mienten. Las redes sociales constituyen un hervidero de mentiras y opiniones que, si bien deberíamos respetar en cuanto no se ocultan tras seudónimos o anonimatos cobardes, pueden parecer exageradas, absurdas o simples. Sin embargo el «Sabio» de Hortaleza, que por algo lo era, nos dio aquel día una lección para no olvidar.

No suelo contestar a los comentarios que los lectores de mi blog hacen sobre mis artículos. Mi intención nunca ha sido abrir un debate cotidiano y permanente con nadie. No obstante alguna vez he reposteado algún «post», como el de un señor, creo que David Roig, convencido de que el Mallorca no necesita uno, sino dos centrales y otro, en Facebook, de Jaume Mestre que me permito reproducir textualmente: «Si n’Arrasate fos en Camacho demà dimitiria. Afrontar la temporada amb aquests jugadors és anar a la guerra amb bastons de figuera».

Estoy totalmente de acuerdo con ambos y para no extenderme demasiado hablaré en mi próxima entrega precisamente sobra la aparente sumisión del técnico y su escasa rebeldía antes el evidente empeoramiento de la plantilla temporada tras temporada pese a comprometer su caché y su trayectoria.