El circo se tambalea

Ya hace algunos años que Fernando Roig, el presidente del Villarreal, alertó sobre la escasa influencia del público en el fútbol: «representa no más del cinco por ciento de los ingresos de un club». El resto, aunque no lo especificó, es fácil deducir que proviene de los derechos audiovisuales, la televisión, y otras partidas como la publicidad estática, la venta de espacios en los equipajes y los traspasos de futbolistas para lo cual necesitas comprar barato y vender caro.

Creo que no se ha concedido la debida importancia a esta curiosa forma de economía. Es un hecho que los clubs han vuelto a las andadas de su precaria situación y si el Real Madrid, por ejemplo, insiste en la Superliga Europea no es solamente por prepotencia o un falso orgullo patrio, sino por la búsqueda de una nueva fuente de fluido capaz de mantener una explotación en crisis en un mercado marginal respecto al equilibrio entre la oferta y la demanda.

El fútbol modesto lanzó sin éxito los primeros avisos. Sin salir de Baleares, la supervivencia de los otrora equipos punteros como el Constancia, el Poblense, el Manacor e incluso el Atlético Baleares, sin olvidarnos del Ibiza y el Sporting Mahonés, ha quedado condicionada a un crecimiento cero. El acceso de los aficionados a un fútbol de mayor categoría sin salir de casa fue la puntilla con la que se despachó el apego que da la proximidad. Queda un sentimentalismo rancio en el mejor de los casos.

Y la bola de nieve continúa. COVID aparte, los estadios se vacían y los clubs, sociedades anónimas o entidades deportivas, practican un funambulismo elemental en esa huida hacia adelante que supone la permanente búsqueda de mayores entradas cuando no reparan primero en disminuir sus dispendios. Al contrario, mientras sus balances se cierran en rojo, los gastos de personal, básicamente los jugadores, aumentan sin cesar y sin adaptarse a la coyuntura pasada, presente y, sobre todo, futura.

Algo estamos haciendo mal, sin duda. Uno puede gastar más de lo que gana durante un tiempo, no gastar nada todo el tiempo, pero no gastarlo todo durante todo el tiempo.