El coche de San Fernando

Cuando era niño y preguntaba cómo iba a ir a algún sitio, me contestaban que «con el coche de San Fernando, un ratito a pie y otros andando». Este es el transporte que han escogido Robert Sarver y sus socios para colocar al Mallorca en el Top 10 de la llamada Liga Santander que, por cierto, la próxima temporada cambia de nombre. Se llamará EA Sports o el título de un vídeo juego a elegir por el nuevo patrocinador.

También decían en mis años mozos que el movimiento, con «eme» minúscula (del otro ya ni me acuerdo), se demuestra andando, pero los financieros de Arizona, aunque uno vive en Miami y los otros no tengo la menor idea ni mayor interés, llevan casi siete años al frente del club y no han hecho más que un equipo ascensor, pero no de ascender, sino de esos que suben y bajan o viceversa. Un campo muy bonito y el lógico deber de cumpir con las obligaciones económicas adquiridas, no bastan para asentar un proyecto deportivo igual que una casa no se inicia por el tejado, con patrocinio público o sin él. Un CEO cuyo mayor servicio ha sido avisar de los desmanes de Maheta Molango, antes advertidos por Monty Galmés al que pagaron con su dimisión, y un director de fútbol con puesto en la quinta fila de pupitres de la escuela del Villarreal, tampoco.

Y aunque mal de muchos es consuelo de tontos, la aventura de los trece equipos restantes en manos de capital foráneo en España, siguen la misma línea. Valencia, Espanyol, Mallorca, Almería, Valladolid, Elche y Girona tampoco están entre los diez primeros ni por asomo. Peor aun, los de Mestalla han rebajado ostensiblemente su nivel. En Segunda: Granada, Leganés, Zaragoza, Málaga, Oviedo, Albacete y Sporting tampoco pueden sacar pecho.

Si el ojo del amo engorda el caballo, estos «amos» están muy lejos de sus respectivos establos pero, sobre todo, a mucha distancia de aprender la cultura del fútbol europeo, distinta y distante incluso como negocio de lo que funciona allende los mares.