El fútbol también aburre
Llámenme antiguo, lo soy, pero prefiero aquellos casi desaparecidos torneos veraniegos triangulares o cuadrangulares que los entrenamientos de pretemporada que a imitación de la FIFA y con desprecio a los futbolistas, algunos se montan en Miami, Japón o la «conchinchina». No importa el descanso y el estado físico de los futbolistas, sino el movimiento de dinero que genera tan evidentes ingresos como dudosas comisiones. Sin señalar a nadie, ¡faltaría más!.
Si nos ceñimos exclusivamente a eso que debería servir para poner a punto a cada equipo, resulta que los rivales elegidos no mejoran el nivel de aquellos que se pueden contratar para los «partidillos» semanales. Para encontrarnos, un mes después en que a todos sin excepción «les falta rodaje». Tan fácil como empezar antes el trabajo, la liga termina el 25 de mayo, y retrasar la puesta en marcha del calendario.
Cuando la competición comenzaba en septiembre había más tiempo para todo, pero no había ciudad en España sin su trofeo con carteles de postín que ya no se ofrecen ni en el «Ramón de Carranza», la cita gaditana de mayor postín que se mantiene con fidelidad perruna, pero sin participantes con pedigrí. Aquello permitía presenciar incluso un Real Madrid-Manchester o un Barça-Ajax sin esperar ninguna Champions ni coger un avión. Y llegabas «rodado» o te hacían un traje a medida.
Pero siento que todo ha empeorado en todas partes y al mismo tiempo, lo que me recuerda un inolvidable cierre de crónica del gran Enrique Lázaro en las páginas de Ultima Hora durante la mejor campaña que jamás llevara a cabo el Mallorca en Segunda B de la mano de Antonio Oviedo: «Oviedo, me aburro». Y ese aburrimiento es el que abona «mundialitos» e insulsos amistosos estivales con o sin público, que no curan el sopor pero llenan algunos bolsillos.
