El mercado al revés

Es la primera vez que lo he visto, al menos en el Mallorca: todo el mundo más pendiente de las bajas, sean traspasos forzados o a petición propia, que de los fichajes. La capacidad del director de fútbol, Pablo Ortells, se mide por el precio al que consigue vender a los transferibles que, aparte de los indeseados, vienen a ser todos en función de lo que los compradores estén dispuestos a pagar. Sería fácil de entender si supiéramos que el importe de estas operaciones iba a revertir en cantidades similares para los futbolistas entrantes, pero la experiencia ya nos ha demostrado que, desde el fiasco de la inversión procurada a raíz del pase de Kang-in Lee al PSG, la propiedad ha optado por coger el dinero en mano antes que a jugadores volando.

En círculos del mercado en curso ha sorprendido lo que el Valencia ha pagado por Copete, mérito del vendedor o error del adquiriente. Por lo demás y a medida que avanza el mes de agosto deshacerse de Maffeo y Larin se pone más difícil. En primer lugar porque hasta en Pekín saben que ambos desean salir y al club le costará retenerles. Además hasta el menos enterado de los agentes sabe que el canadiense no vale lo que el Mallorca pagó por él, aunque sin dejar de reconocer que algo más de lo que el público la ha valorado en Palma.

El último en ponerse a la cola de los que prefieren abandonar el barco al no contar para su capitán y desconfiar de sus armadores, ha sido el colombiano Dani Luna. Hemos conocido sus limitaciones que, igual que las de Llabrés, se circunscriben a sus cesiones en dos equipos que ha descendido de categoría, Cartagena y Eldense. Distinto habría sido si los interesados hubieran salido de los seis primeros clasificados de Segunda en su intento de subir a Primera. Una apreciación sesgada sin considerar la dudosa calidad de sus compañeros en ambas plantillas.

Es fácil caer en el engaño de que el plazo para cerrar los trasvases dure hasta el 31 de agosto. La liga, señores, comienza dentro de una semana, no en septiembre y antes de que entremos en pista ya se habrán disputado nueve puntos, más de los que habitualmente separan el éxito, sea clasificación o permanencia, del fracaso que es mejor no definir.

 

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