EL PARTIDO QUE NUNCA EXISTIO (0-3 en Son Moix)

Nunca hubo partido antes ni tampoco después. De hecho a los siete minutos Raphina ya había abierto el marcador para dejar en evidencia no solamente a Mateu, sino a todos sus compañeros que hasta un cuarto de hora más adelante no podían sino contemplar como los del Barça se pasaban el balón. A partir de ahí un gesto arbitral  para hacer sonar un silbato que nadie escuchó ante un pelotazo a la cabeza de Raíllo, fue aprovechado por Ferrán para sentenciar un resultado que cerró ya en el minuto 93 Lamine Yamal en su décimo intento de marcar desde fuera del área para que no faltara su sello.

ALINEACIONES:

R.Mallorca.- Leo Román (2), Mateu (0), Valjent (2), Raillo (2), Mojica (2), A.Sánchez (2), Morlanes (0), Asano (0), Pablo Torre (1), Sergi Darder (2) y Muriqi (0).

Minuto 45. Mascarell (1) por Mateu, Dani Rodríguez (1) por Pablo Torre y Joseph (1) por Asano. Minuto 82, Jan Salas (-) por Sergi Darder. Minuto 90, Lato (-) por Mojica.

F.C. Barcelona.- Joan García (-), Eric García (1), Araujo (1), Cubarsí (1), Balde (2), Pedri (1), De Jong (1), L.Yamal (2), Fermín (1), Raphinha (2) y Ferrán (1).

Minuto 45, Olmo (1) por Fermín. Minuto 67, Gavi (1) por Cubarsí, Jofre (1) por Balde y Rashford (1) por Ferrán. Minuto 77, Koundé (-) por Raphinha.

ARBITRO:

José Luis Munuera (0), de Jaén. ¿En el Santiago Bernabéu hubiera pitado lo mismo que señaló en Son Moix?. No. No hay más preguntas señoría. Adquirió un protagonismo innecesario al amagar con el silbato al quedar Raíllo tendido en el área tras recibir un balonazo en la cabeza. Al creer que iba a parar el juego como indica la norma en tales casos, los jugadores locales pararon, pero no los del Barça. Ferrán aprovechó para marcar sin apenas celebrarlo convencidos de que no iba a valer, pero ante el estupor general Munuera indicó el centro del campo. Se desquició Arrasate, advertido verbalmente, a Morlanes la protesta le costó una tarjeta amarilla y en una zancadilla, vió la segunda a los 33 minutos. Muriqi a los 37, dejó al equipo con nueve al elevar la bota contra la cabeza de Joan García. Tampoco midió con el mismo rasero las amonestaciones a Pablo Torre y Mateu, frente a las acciones de Fermín y Araujo que, según su particular criterio no merecían advertencia. Al final pagó los platos rotos Raphinha por una dura entrada al propio Mateu. Castigó al Barça con 14 faltas y con 7 al Mallorca, un dato engañoso dada el indicativo de mala conciencia que le hizo barrer para casa tras el descanso en acciones, eso si, inócuas.

GOLES:

Minuto 7, centro pasado desde la derecha al segundo palo donde llega Raphiña sin que se entere Mateu, para cabecear a placer cerca de Leo. 0-1

Minuto 23, con Raíllo en el suelo, los defensas locales se detienen a atenderle convencidos del silbido del árbitro, que se lleva el silbato a la boca, pero no pita. Los del Barça siguen y Ferrán envía a la red sin oposición. 0-2

Minuto 93, Lamine Yamal en su acción preferida, arrancando desde su banda para correr hacia el centro y disparar con la izquierda. 0-3

23.318 espectadores

 

DESDE EL INFIERNO

Con una temperatura próxima a los 40 grados y media España que se quema, hay que tener poca cintura para no suspender el espectáculo ígneo y diabólico que precede los partidos que se disputan en Son Moix. El infierno llegaría a continuación entre el gato y el ratón, no hace falta aclarar quién era quién, que no admite análisis alguno sin herir algunas sensibilidades.

Aunque a veces se lean referencias contrarias, no hay honor en ninguna derrota. No lo puede haber cuando al lateral suplente, sin que al comienzo de la liga le hayan buscado sustituto, le marquen el mismo gol que dos veces en la pretemporada, ni que el delantero centro insustituible, Muriqi, le regale el balón al guardameta en la única a impensable oportunidad con todo a su favor.

El caso es que las victorias no siempre son, a su vez, honorables. El Barça podía haber batido al Mallorca sin que los hombres de Arrasate hubieran hecho más que paliar su sumisión sin necesidad de que quien les humillara fuera un árbitro que se sabe de memoria la normativa, pero desconoce cuándo y cómo aplicarla. Si hubiera querido favorecer al campeón no le habría privado de su pequeña gloria. Por el contrario inspiró la piedad del vencedor y permitió al derrotado acariciar un empate parcial sin goles en aras de un esfuerzo sobrehumano dada la temperatura ambiente y la numantina defensa de los nueve supervivientes.

Pero de los tropiezos se aprende. Este encuentro inaugural que impide elaborar sentencias, aclara grandes verdades. Solamente Ortells, el director de fútbol, cree que, sin Maffeo, tiene lateral diestro. Unicamente él está convencido de que Muriqi no necesita competencia en su puesto. Y solamente él se autolimita el mercado al visitar exclusivamente el de cesiones al amparo de las instrucciones de la propiedad y del pobre consuelo que supone el mal de otros muchos.

Todo sea dicho sin discutir las expulsiones ni la evidente superioridad del visitante, aunque esta última ya se sabía.