El pasillo de seguridad
Algunos la llaman la columna vertebral, Luis Aragonés lo calificaba como el pasillo de seguridad y Héctor Cúper instruía a Olaizola: «si no sabe qué hacer, echela fuera o désela a Engonga». El problema del Mallorca en la segunda vuelta, que continuará si no apuntala con firmeza sus puntos débiles, ha sido la ausencia de esa espina dorsal a través de la que canalizar su juego. Lo ha intentado a través de Morlanes, limitado y lesionado durante muchas jornadas del tramo final, han buscado a Darder, brillante en una docena de partidos aunque inocuo en el resto y arriba, por unas causas u otras, ha faltado la figura del delantero centro que, junto al portero, han de ser inamovibles en opinión de Serra Ferrer y ni Muriqi, ni Larin y mucho menos Abdón, han sido referentes.
Volverá a fallar Pablo Ortells, ahora de «scouting» en Eslovaquia en plan «cazatalentos», si se limita a pujar por un extremo veloz. El equipo lo necesita, pero también otras cosas. Por ejemplo un central con la rapidez mental que ya le falta a Raillo, un medio centro que ponga orden en el caos de Samu y, además de este jugador de banda con chispa y desborde, una referencia ofensiva que estimule la imaginación de Sergi. Piensen en Leo Franco, Miguel Angel Nadal, Engonga, Ibagaza y Etoo, por ejemplo. Evitemos comparaciones.
Además de todo ello, la plantilla anda cargada en años y necesita una buena cantidad de savia nueva. Y lo lamento mucho, pero hacer todo eso sin dinero, a base de cesiones o futbolistas sin contrato roza lo imposible. Si a Andy Kohlberg le engañaron al hacerle creer que compraba un buen negocio, debería pensar seriamente en la fórmula más sencilla: una ampliación de capital. Lo ha hecho el dueño del Espanyol dispuesto a no sufrir como este año. El americano, perdido el apoyo de Robert Sarver, se aferra a la auto financiación del club, a lo que tampoco le van a ayudar los bares, gimnasios, tiendas, conciertos, eventos ni producciones audiovisuales. Repetir algo tan básico como que la pasta hay que ponerla en el campo, ya nos resulta cansino.
Hace unos años le pregunté a Jaume Roures, uno de los avalistas de Jan laporta, si un club de fútbol era un buen negocio. «Si está bien gestionado, si», me contestó. Algo falla en Son Moix.
