El poder del fútbol
Al margen del bodrio de la Superliga, porque es un proyecto mal pensado, limitado a clubs algunos de los cuales ni siquiera luchan por los primeros puestos en sus paìses, con unos números quiméricos basados en unos ingresos por derechos televisivos sin ninguna televisión que los avalara, sin fechas en un calendario ya de por si excesivo, sin garantías, una presentación unipersonal e improvisada y una explicación que no había por donde cogerla, aparte de todo eso, digo, el fútbol ha hecho una exhibición de poder.
Si, en Inglaterra más que en ningún otro sitio porque, además de que aquí somos más de «laissez faire», al final solamente eran otros dos, España e Italia, los países con algún representante. Precisamente la Premier, donde el reparto del dinero por derechos audiovisuales es más justo, donde se sortea el calendario al mismo tiempo que los días y horas en que se jugará cada partido, donde se llenan los campos haya cámaras de por medio o no, donde no hay grandes megaprogramas deportivos radiofónicos, ni cuatro, cinco o seis diarios dedicados básicamente al fútbol y donde los diarios generalistas dedican apenas dos páginas a la información del ramo y donde los clubs importantes cotizan en bolsa, no como el Real Madrid y el Barça que ni siquiera figuran inscritos como sociedades anónimas deportivas. Curioso, ¿verdad?. Este fútbol, el británico, en el que los futbolistas protestan menos, a los árbitros se les exige más y, ¡oh casualidad!, tiene a dos de sus afiliados en semifinales de Champions y uno, creo, en la Europa League. Ah, y que no descansa por Navidad.
Pues si, gracias a estos buenos aficionados, en serio, este experimento sin gaseosa, no verá la luz, al menos por ahora. A ellos les debemos que, mientras unos enseñaban el plumero, los otros nos dábamos cuenta de que hasta el New York Times, con lo poco que allí saben de esto, dedicara buenos espacios al follón. Por eso hasta los fondos de inversión han hincado el diente en el pastel. Con grave disgusto de la FIFA, no lo olvidemos.
