El tamaño del mallorquinismo

En el mes de junio del 2008, Mateu Alemany encargó a la Fundación Gadeso, de Antonio Tarabini, un estudio para conocer la verdadera masa social que por aquel entonces amparaba al Mallorca. La conclusión fue decepcionante ya que otorgaba al club una penetración de alrededor de 10.000 seguidores. Bajo la presidencia de Miquel Contestí alcanzó la cifra de 18.000 abonados en la temporada 83-84, pero el equipo descendió y se produjo una caída en picado que, según fuentes del club, en la actualidad ha remontado hasta los 21.000 o alguno más.

Sin embargo la afluencia de público a Son Moix, salvo grandes ocasiones, se aproxima a una media de entre 16.000 y 18.000 aficionados, una cifra hasta cierto punto engañosa, pues son bastantes más aquellos que se interesan por el resultado y no tantos quienes siguen sus partidos por televisión.

Al hilo de la reciente publicación de espectadores únicos por equipo durante la décimo séptima jornada de liga, El Mallorca es el peor clasificado en este último grupo, lo que podría explicarse por el horario de sus encuentros, cuatro de ellos programados a una hora televisivamente intempestiva como es la de las dos de la tarde. No obstante no es el único que sufre tal atropello. El Real Valladolid se lleva la palma con cinco encuentros a mediodía de entre los 18 disputados hasta el día de hoy. El Getafe, el Villarreal, el Celta y el Osasuna empatan con los de Arrasate en el mencionado tramo, pero todos captan a más televidentes en mayor o menos escala, sobre todo los de Vigo, La Cerámica y Pamplona, ciudades con menos habitantes que Palma.

Vale la pena analizar seriamente estos datos porque el club de Fernando Roig reúne a 19.000 abonados en una ciudad que no supera los 52.000 habitantes, frente a los 423.000 de la capital insular. A Balaidos acuden 118 peñas, contra las 54 mallorquinistas. Y en la capital del Pisuerga, en medio de campañas deportivas decepcionantes, se juntan 99.

Por eso cabe insistir en que, siendo loable el esfuerzo de la propiedad americana para estabilizar un equipo en la máxima categoría del fútbol español, apenas se ha recorrido camino en la tarea de construir un club que, finalmente, es lo que da carácter a una afición, una ciudad y una isla. Y si, el carácter que tenemos los mallorquines, fenicios e individualistas, no ayuda nada. Pero eso, si no lo sabían, ya lo habrán aprendido. Algunos de sus predecesores, más que aprenderlo, lo sufrieron.