El único acertante
Tiene 89 años y una pasión que no le ha abandonado nunca: el fútbol. Lo vive de otra manera, pero la intensidad de su mallorquinismo no nubla su razón. Miguel Contestí lo vio claro y me lo dijo por teléfono ya hace más de un mes: «El Mallorca se jugará el ascenso en Palma contra el Granada». Debo aclarar que entonces los rojiblancos parecían salvados y el peligro inminente acechaba al Cádiz. En medio de aquella charla informal entre dos viejos amigos a pesar de nuestra diferencia de criterios en su etapa de presidente, me convenció de cómo hay que vivir y sentir esta actividad nacida como deporte y convertida en especulativo negocio.
Recordé su extrema dedicación. Estuvo 12 años al frente del club y además de pasar muchas horas en su despacho del Lluis Sitjar, no se perdía un entrenamiento, especialmente el de los jueves. El mismo regateaba con los representantes, peleaba con otros dirigentes si era necesario, no rellenaba una quiniela sin conocer antes las designaciones arbitrales e intimaba ocasionalmente con algunos jugadores como Ezaki Badou por citar un ejemplo. Se mordía la lengua, o no, al dirigirse a un entrenador con determinadas sugerencias pero por encima de estas claras diferencias había otra en comparación a los propietarios actuales: su exigencia corría en paralelo a su sentimiento. Sufría, digo bien, el día a día, no se quedaba en su casa de Llucmajor, que no es precisamente Phoenix (Arizona) para pulsar los latidos del club y si, también presidió algunos descensos, pero siempre desde el amor y no en la atalaya del delirio.
No le habrá gustado nada haber convalidado su pronóstico, pero sea cual sea el final de esta película de pesadilla he creido que era justo destacar su acierto. Y eso que no sabía quién arbitraría.
