El Villarreal como juez

El Mallorca de Martín Demichelis atesora el 58 por ciento de los puntos disputados, un porcentaje superior a los números de descenso, pero el lastre de la clasificación previa, solo un 38 por cien, le impide enfocar los cuatro últimos partidos ajeno a los riesgos del amplio grupo de equipos que la acompañan en tan árduo viaje.

La victoria en el campo del Girona, otro implicado, le permite seguir en la brecha, pero no debe disparar su confianza en exceso porque aunque el técnico argentino prefiera calificar los obstáculos como una carrera de oportunidades no implica que cada una de ellas no se presente como una verdadera final. Quedan cuatro.

Nunca se aprende de lo que uno ha hecho bien. No hay mejor lección que la que se desprende de los errores cometidos y este equipo todavía incurre en los suficientes como para no aventurar celebraciones precipitadas. Fue mejor que el Girona en la primera parte, pero significativamente peor en la segunda. La diferencia respecto al tropiezo de Mendizorroza radicó en su capacidad para adaptarse a los distintos escenarios que se presentan durante un partido, sin embargo aun concedió más de lo deseable.

La valentía, condición a la que recurre el entrenador antes y después de cada jornada, no es paralela a la inconsciencia. Ser valiente no consiste en perder el miedo, sino solo superarlo. De una manera o de otra necesita seis puntos, no menos de cuatro, para asegurar la categoría y sus dos próximos compromisos, Villarreal y Getafe, serán absolutamente exigentes. El calendario ha designado al «Submarino amarillo» como árbitro del descenso. Tras ahogar, no sentenciar, al Levante viajará a Palma y Vallecas para recibir al Sevilla en La Cerámica. Puede que más que arbitraje, convoque juicio y dice sentencia.