En Segunda también juegan

En este primer tercio de liga que está a punto de concluir, el Espanyol y el Mallorca parecen distanciarse del resto de competidores, pero también en el análisis la prudencia es más aconsejable que la precipitación. Esta liga es muy larga y la segunda división lleva muchos años con un alto nivel de competitividad, que no es sinónimo de buen juego sino de igualdad.

Es cierto que en Cornellá la presión debe ser mucho mayor que en Palma, en primer lugar porque 45 millones para gastar con muchos y en segundo lugar porque el fichaje terco de Vicente Moreno obliga tanto al club, como al técnico y los jugadores, a justificar tanto las inversiones como la testarudez. Su liderato no es solo una conquista en busca del ascenso y la corona de laurel, sino una obligación.

La exigencia es algo más liviana respecto al Mallorca que, sin embargo, despliega mejor fútbol que los blanquiazules aunque estén dos puntos por debajo.

El estilo Moreno transmite una buena dosis de entrega, sacrificio, espíritu colectivo e intensidad que se observa inmediatamente en ambos equipos. Los periquitos algo resultadistas, sobre todo si van con el marcador a favor, lo que lastra sus actuaciones como visitante, cual sucedía aquí las dos últimas temporadas. Una lástima porque, como apuntaba un amigo, el de Massanassa se juega nada menos que el top de su carrera en los banquillos. Y en Segunda se puede subir amarrando tal cual hizo el Eibar, pero también con un juego más vistoso en línea del Granada o el Cádiz. El sur, en efecto, también existe.