Enero se anuncia en octubre

Corre el mes de octubre y ya estamos hablando del mercado de invierno, agosto para intermediarios y agentes a los que la FIFA quiere hacernos creer que combate, refugio de directores deportivos que hicieron mal sus deberes en verano o los dejaron de lado.

Cada vez que alguien ha cambiado alguna regla o reglamento, ha empeorado lo que pretendía mejorar. Eso incluye el uso o mala utilización del VAR. Pero nos podemos remontar a 30 años atrás, temporada 1994-95, cuando se autorizó una nueva ventana para la compraventa de futbolistas, limitada al principio para aquellos que hubieran jugado más de cinco partidos con sus equipos y antes incluso para quienes querían cambiar de aires dentro de la misma categoría. Ahora vale todo en todas partes.

Estos movimientos alteran claramente tanto el desarrollo de la competición, atacada en su propio concepto, como el principio de igualdad que la inspira. Esta temporada un mismo jugador, Luis Rioja, defendió sus colores en la segunda jornada y se enfrentó a ellos en la tercera. Un desaguisado. Pero el cofre del inmenso tesoro futbolístico se guarda en los trasvases que generan comisiones a destajo y despierta la voracidad de los fondos de inversión que recalan al frente de las sociedades anónimas deportivas de las más importantes Ligas. Saben que el negocio no está ni siquiera en los ingresos por televisión y, aun menos, en la publicidad, los abonos o el taquillaje.

Huirán el día en que Lass Diarra gane su guerra y los futbolistas pasen a ser considerados trabajadores por cuenta ajena adscritos al régimen laboral común. Los clubs serán presa del pavor; las federaciones, del pánico y los representantes temblarán ante la posibilidad real de que muchos de sus patrocinados decidan que ya no les necesitan para trapichear un contrato.