Engaño o ineptitud
Más allá de la media docena de chavales que fueron a increpar a los jugadores del Mallorca a su regreso de Vallecas, la afición del Mallorca no es agresiva sino más bien tranquila, muestra su desagrado de otra forma: apenas unos pitos o pañolada en las gradas y si no surge efecto opta por el silencio y la indiferencia que, horarios al margen , se refleja en la caída de espectadores en Son Moix quizás más acusada de lo que señalan las cifras oficiales.
También perdona con facilidad, como todas a tenor del resultado, tal cual se vió el pasado sábado. Tiene mucho aguante, pero no paciencia ilimitada porque no soporta ni el engaño ni las tomaduras de pelo. Practica la cachaza, sin embargo no la tolera y eso entra de lleno en el escenario de comedia bufa en que se han convertido las campañas de fichajes a cargo de Pablo Ortells, director de fútbol, con la aquiescencia y seguramente instrucciones de la propiedad.
El equipo navega sobre aguas turbulentas que amenazan seriamente el futuro inmediato del equipo y no solamente no hay ninguna reacción, sino que pretenden colar como una inversión de futuro la contratación de un chico de 21 años que lleva cuatro partidos en el fútbol profesional sin nada destacable en su currículum que limitan ese porvenir a la incertidumbre en el mejor de los supuestos.
Vayamos a los nombres. Ha trascendido el interés por Asprilla (Girona), Raúl Moro (Ajax) e Ilian Akhomach (Villarreal). Al primero lo encuentran caro, un término subjetivo aunque respetable, el segundo ha llegado a un acuerdo con Osasuna y el tercero con el Rayo Vallecano, dos contrincantes directos cuyos respectivos límites salariales con inferiores a los del Mallorca y no por poco. Casi 61 millones pueden invertir, Kohlberg siempre lo llama gasto, los americanos, que no mallorquines, por solo 54 y medio en Pamplona y 47 los franjirojos.
Hagan ustedes mismos la lista de los fichajes de cada uno de los tres clubs citados. Busquen, comparen y si encuentran algo peor nos suben el precio. Solamente cabe el arma del engaño porque, de verdad, cuesta creer que sean tan ineptos. O, más preocupante, la tesorería está peor de lo que confiesan.
