¡Felicidades Constancia!
En el transcurso de una comida entre amigos alguien preguntó por la afición del Atlético Baleares, «hay mucha pero está dormida», replicó otro. No puede resistir la tentación de terciar para dar mi opinión: si es así debe tener muchísimo sueño.
En mi adolescencia me desplacé alguna vez a Inca para ver algún partido en el viejo campo de «Es Cos» y ya en mis primeros ejercicios al frente de la sección de deportes de la extinta Radio Juventud, nacida en la capital del Raiguer y trasladada a Palma a mediados de los años 60, me tocó organizar una especie de carrusel toda vez que los blanquiazules, el Mallorca, el Poblense y el Constancia competían en la misma categoría, Tercera, y el mismo grupo, con equipos del litoral peninsular del Mediterráneo. La rivalidad llenaba los estadios cuando se sucedían los «derbys». El desencanto debió invadir el ánimo de inqueros y poblers, cuando aquella breve etapa tocó a su fin.
Pero poco tiempo después se produjeron apuntes de refundación. Recuerdo haber viajado a Mahón para transmitir un compromiso del Manacor del que aun conservo un telegrama del presidente Jaime de Juan a la dirección de la emisora agradecido y alabando mi trabajo. Y también me tocó acompañar al Constancia en una promoción de ascenso que comenzo con un esperanzador empate en el campo del Alzira. Se lo he comentado ocasionalmente a Llompart, con quien he coincidido en la pista de pádel hace meses, y no he olvidado a Nicolau, al ibicenco Prados, un lateral sordomudo al que un árbitro expulsó por insultarle (tuvo que ser por señas), una espectacular pareja de centrales formada por Parma y Bezares, con un fino «10», Corró, así como Vaquer, Aparicio, Gual…….Era aquel equipo formado por mi amigo Miguel Llompart Mora, el hombre que me introdujo en la radio y en la información deportiva, corresponsal del histórico y desaparecido diario «Dicen», forjado por Satur Grech, técnico canario afincado en la Isla y que también lo fue del Mallorca, bajo la presidencia de don Jaime Moyer.
Aquella afición rejuvenecida terminó por abandonar la grada. Deshecho el trío presidente-secretario-entrenador, el letargo viene siendo tan largo que es difícil creer en un hipotético despertar. Pero me ha acordado ahora, en que el Constancia celebra su centenario y lo he hecho con verdadera nostalgia de lo vivido personalmente y la convicción de que el fútbol balear solo mejorará si también lo hacen sus clubs hagiográficos. Los necesita a ellos y a sus somnolientas aficiones.

