Fin de semana Mundial

Antes de despotricar del Mundial en curso sin un solo partido a destacar, incluidos los soporíferos empates entre equipos desiguales, sepan que la todopoderosa FIFA amenaza seriamente con una fase final de 56 selecciones en lugar de las 48 actuales, que ya son demasiadas, para la cita hispano-lusa-marroquí, pues la licitación  es tan alta y las exigencias estructurales tan rigurosas, que los países anfitriones se han de juntar de tres en tres para acometer la inversión.

El árbitro español Alejandro Hernández Hernández, de Lanzarote, ha sido el primero en aplicar la sanción por pérdida de tiempo en un saque de puerta, cinco segundos máximo, contra el portero de Haiti, transformado en saque de esquina favorable a Brasil. Habrá que ver si en su regreso a España hace lo mismo en la portería del Real Madrid o del Barça. El detalle, seguramente indiscutible cronómetro en mano, alumbra la idea de que los modestos carecen de alegría no solo en la vida, sino también en el fútbol.

El deslumbrante brillo de Messi en el debut de Argentina ante la peligrosísima Argelia, quedó empañado por su entrada en plancha sobre el gemelo de un adversario señalada con letra tan roja como la tarjeta correspondiente en las reglas de juego, apartado de sanciones, que el colegiado designado al efecto ignoró mientras el asignado al VAR había salido a tomar un café o un tequila reposado.

Tampoco podemos pasar por alto el penalti mangado a Egipto frente a Bélgica, el intento de los jugadores de Senegal de abandonar el campo ante tanto atropello por si Francia necesitara algún tipo de ayuda para liquidar el combate o la retirada anticipada del chaval de Qatar con su pierna destrozada para los restos a piés de uno de los seleccionados del país anfitrión, Canadá. Vayamos tomando nota.

Si les ha sorprendido Inglaterra, a mí lo ha hecho España hace una semana, les recomiendo la serie de cuatro capítulos «Dear England» que hallarán en la plataforma de Movistar +, aunque tampoco estaría de más preguntarnos por qué los seleccionadores no tienen que ser nativos del país a cuyos representantes dirigen y los futbolistas sí. O por qué les conceden plaza y silbato a «referees» procedentes de ligas de tercera división. La FIFA tiene estas cosas. Y otras.