Fútbol al trote (0-0 en Montilivi)

Un disparo de Abel Ruiz al travesaño y las meritorias intervenciones de Arnau Tenas impidieron que el Mallorca, otra vez sin más que un solo tiro entre los tres palos de la portería local, regresara de vacío de Montilivi. Tampoco es que el Girona pusiera mucho más para anotarse los tres puntos, aunque ganó la posesión en el centro del campo y buscó el triunfo con mayor ahinco, si bien cargado de imprecisiones y muy desfondado en la segunda parte.

ALINEACIONES:

Girona F.C.- Gazzaniga (1), Boñar (1), David López (1), Francés (1), Alex Moreno (2), Morante (1), Van de Beek (1), Izan (1), Sarasa (0), Carles Pérez (1) y Abel Ruiz (1).

Minuto 65, Fran Beltrán (1) por Morante y Pyschur (0) por Abel Ruiz. Minuto 71, Bryan Gil (1) por Van de Beek y Unai Hernández (1) por Sarasa. Minuto 84, Mumin (-) por David López.

R.C.D.Mallorca.- Arnau Tenas (3), Puigmal (0), Raíllo (2), Soumahoro (2), A.Moreno (1), John (2), A.Sánchez (0), Alex Sala (0), Pablo Torre (1), Buksa (0) y A.Fuentes (1).

Minuto 45, Lato (1) por A.Moreno. Minuto 56, J,Cerdá (1) por Buksa, S.Darder (1) por P.Torre y A.Liso (1) por Puigmal. Minuto 84, Guillermo (-) por Alex Sala.

ARBITRO:

Eder Mallo Fernández (2), de Bilbao. Dejó jugar sin apenas errores y sin detener el juego en cada choque. Algo riguroso con las tarjetas. Les cayeron amarillas a Adrián Fuentes, A.Sánchez, Alberto Moreno y Pablo Torre, del Mallorca, y a Izan por parte del Girona. Señaló 17 faltas favorables a los propietarios del terreno, contra solamente 7 en contra, lo que da idea de qué equipo dominó más.

7 saques de esquina botó el Mallorca por 5 el Girona, dato contradictorio.

UN PUNTO DE NADA

«Un punto no vale para nada» solía afirmar el añorado Luis Aragonés en tiempos pretéritos de otro Mallorca que invitan a la nostalgia. El que se repartieron  ayer dos equipos muy alejados de la categoría que perdieron hace solo cinco meses es el justo premio a lo poco que ambos hicieron, nada; precisamente ese espacio hueco e infinito que, en el mejor de los casos, solo ocupa el aire.

Luis García Fernández ha tardado siete jornadas en cambiar de dibujo, aunque no de idea. Intentó jugar inutilmente con dos puntas pero sin extremos, un evidente contrasentido. Reforzó el primer cuarto de territorio con la presencia de John por delante de los centrales a quienes tuvo que apoyar en bastantes ocasiones, además de cuidar la espalda de Puigmal, siempre superado por Alex Moreno dueño absoluto de su banda hasta que el disciplinado Adrián Liso le sustituyó para colocar un semáforo en la misma.

Apuntalada la muralla al amparo de un Arnau Tenas sobresaliente, todo lo demás era un desierto del que esporádicamente emergía Pablo Torre, voluntarioso pero ineficaz en las proximidades del área. Al menos más activo que Alex Sala, desaparecido en combate y exclusivamente dedicado al lanzamiento de los corners que siempre controló la defensa local.

Eso de jugar al fútbol iniciando desde atrás, olvídenlo. La pelota pasa en línea horizontal de un defensor a otro para terminar retrasando a portero para que trate de salvar las vallas enemigas de un pelotazo inalcanzable ante la falta de movimientos capaces de abrir algún pasadizo y mucho menos desmarques de ruptura que adviertan  al adversario del peligro.

El empate señala fielmente los deméritos de cada equipo. Tanto uno como el otro desconfiado de si mismo y más atento a no perder que a ganar, síntoma claro de la mediocridad latente que no desaparece ni bajo el lema protector del punto compartido.