Fútbol de Walt Disney
Acabo de ver mis primeros y últimos 48 minutos de Mundialito. El Paris Saint Germain de Luis Enrique mofándose literalmente de este cementerio de elefantes sin fuerza ni para levantar la trompa que es el Inter de Miami. Una broma pesada. Un grupo de «millonetis» dispuestos a sacar tajada de sus últimos estertores como futbolistas gracias a la tontería, término acuñado por mi buen amigo Javier Macías (r.i.p), de otra serie de ricachones que juegan al «soccer» en el inmenso tapete de un estadio universal sobre el que la FIFA redondea un negocio deprimente.
Le compré a Javier Irureta la definición del «fútbol rosa», más presente en las revistas y programas del «corazón» que en el terreno de juego. Ahora me quedo con la reflexión de Renato Paiva, entrenador del Botafogo: «hay dos tipos de fútbol, el de la vida real y el de Walt Disney». Lamentablemente gana este último.
Parafraseando a Albert Camus en relación a la vida y este deporte diré que todo o, mejor dicho, lo poco que sé de fútbol lo he aprendido de Serra Ferrer, Héctor Cúper y Luis Aragonés, por orden cronológico. Del mallorquín, recién y justamente homenajeado por la Federación Balear de Fútbol como el técnico balear que ha alcanzado el nivel más alto en la historia de nuestro balompié, me quedé con el fruto que se obtiene de la siembra de trabajo, sacrificio, humildad y perseverancia. El flaco de Chabas explicó que, sin transgredir el reglamento, todas las armas son válidas en aras de lograr el objetivo que no es otro que la victoria. «Zapatones» con su ganar, ganar y ganar, impuso sus convicciones y, entre muchas de sus sentencias, resumió «dime cómo entrenas y te diré cómo juegas».
Los tres consiguieron las clasificaciones más altas en los anales del Mallorca imbuidos y rodeados de verdad, no de soldaditos de plomo, figuras de celuloide ni ligas FIFA de dibujos animados.


