Fútbol en los colegios

La Federación Balear de Fútbol se ha visto en la tesitura de tener que emitir un comunicado ante la pretensión, esperemos que se quede en eso, de que en algunos colegios se prohíba jugar a fútbol durante los recreos «porque genera conflictos». A estos aprendices de educadores,  alguno de los cuales debería empezar por enseñar cómo vestirse correctamente en clase, convendría que alguien les aclarase que lo que crea enfrentamientos no es el fútbol en si mismo, sino la educación, urbanismo, convivencia y cultura que ellos deberían inculcar.

En mis años mozos creábamos equipos dentro del aula que compartíamos para competir con la primera pelota que alguien traía desde casa aunque fuera a costa de sacrificar el bocadillo. Nuestro profesor de gimnasia incluso federó dos equipos, además de participar en el campeonato escolar, a los que bautizó como el Olympia, que vestía de amarillo y el Ophiusa, que lo hacía de verde. No ganábamos ni el entrenamiento inexistente, pero dedicábamos el sábado al deporte, el fin perseguido por al maestro, en lugar de actividades menos edificantes. La «banya» o el «burro», aun vigentes, eran bastante más conflictivos y peligrosos.

El fútbol, con perdón de los iluminados instructores, es una especialidad formativa que fomenta el trabajo de equipo, el respeto propio y hacia el contrincante, la resistencia aeróbica, el desarrollo del cuerpo, la chispa de la inteligencia y la fortaleza física. Puede que lo confundan con lo que muestra la televisión al respecto, el mal ejemplo de los «vinicius», «lamines» y demás espejos a no imitar, la exposición permanente de sus millones, aviones y jets privados, automóviles lujosos, hoteles de cinco estrellas, chicas guapísimas, ropa de moda o «gadgets» de última generación que encandila a padres y madres que ven a un «maradona» o «mbappe» en potencia en cuanto sus vástagos le pegan patadas a una pelota. Estos si que crean discusiones, peleas e incluso batallas. Confunden el fútbol auténtico con el negocio del fútbol, que es otra cosa, ajena por otra parte a cualquier patio de colegio.

Comunicado aparte, peor es nada, sería una buena idea preparar a un grupo de árbitros, técnicos, jugadores y directivos, que fueran escuela por escuela a explicar a los chavales lo que es el fútbol, como hacen algunos policías, de esos que años atrás llamábamos guardia urbano, con las normas de tráfico. Claro que prohibir es mucho más rápido, fácil y barato que instruir.