Fútbol es fútbol y negocio es negocio
Miren, me da exactamente igual si el Mallorca traspasa a Hoppe, – ¿quién es, qué ha hecho, quién lo fichó, para qué vino?,-y por cuanto dinero. Forma parte del negocio del señor Sarver y sus socios y me da lo mismo si ganan que si pierden. No les deseo el menor fracaso, más allá de que se lo busquen o no. Por el contrario, no me resulta indiferente el compromiso que adquirieron con el público al comprar la SAD y que no se circunscribe exclusivamente al propio de la actividad empresarial: pagar a los empleados, jugadores, acreedores, impuestos y demás. Eso, por descontado. Pero, además, formar una buena plantilla, competitiva y capaz de sostener la categoría con el decoro y la estabilidad debidas. Eso si es importante y ya se logró entre 1997 y el 2013. Una comparación tan odiosa como asegura el tópico al respecto.
Que los partidos políticos del Consell Insular de Mallorca paguen una publicidad redundante, pendientes del año pre electoral en que nos encontramos, no es problema de Kohlberg. En todo caso lo tienen los responsables de la Institución si creen que eso les va a dar algún voto o atraer ese turismo sostenible o insostenible a conveniencia del momento y el «postureo» en curso. ¡Olé! por el vendedor de la moto.
Mientras se producen bajas sin que lleguen altas, mejor hablemos de los árbitros. Reiterativo, lo sé. Amenazan con prolongaciones de 15 minutos, seguramente cuando el Madrid, el Barça y algunos, pocos, más lleguen a los 90 minutos sin el marcador apetecido. Por lo demás, todo igual. Las manos en las áreas seguirán a criterio del colegiado de turno, sin especificar si se refieren al del campo o al del VAR. Se trata de que las normas sean lo más ambiguas que se pueda, así no hay quien las discuta.

