Historia de un fracaso

La salida de Luka Romero del Mallorca es más que la historia de un fracaso. Se dirá que aquel club o aquel otro ofrecía más dinero y todo lo que sea necesario para justificar la impericia y la falta de motivación que han impulsado al jugador y a su familia a aceptar otras propuestas. Lo cierto es que la política de cantera del club es un desastre y que la terapia psicológica aplicada para forzar a la que ha sido la joya de la corona revela formas y fondos alejados de la realidad de hoy.

Vicente Moreno le puso en órbita, pero Pablo Ortells le ha aplicado una especie de chantaje con la colaboración de Luis García Plaza quien, en plena temporada, ya dejó entrever que no era bueno mantener al chaval en el escaparate. Así la solución ha sido la renovación bajo la amenaza de oscurecer su proyección hasta retirarle de la circulación. Le convocaron cada semana con el primer equipo no para jugar, sino para justificar que no lo hiciera con el Mallorca B hasta el extremo de no alinearle ni en los partidos en los que el filial se jugaba huir de la tercera división, a día de hoy la quinta categoría del fútbol español. Así que se ha ido. ¿Qué querían que hiciera?.

Ha caído Julián Robles, el entrenador al que pusieron una cláusula de rescisión cuando decidió marcharse visto lo visto. Se acaban de cargar a Toni Alvarez, hasta hace unos días a cargo del Juvenil A de División de Honor. Han perdido a Luka. Un submundo de caos oculto bajo el paraguas del ascenso a primera división del primer equipo, a la sombra de una dirección deportiva bajo sospecha a coste millonario.

En su momento aquel jugador y después entrenador del Barça, el Elche, el Zaragoza y el Mallorca, ya dijo que en Palma la sangre nunca llega al río, porque no no hay ninguna de las dos cosas: ni río, ni sangre. El teutón Utz Claassen reinó efímeramente a país conquistado y, tras arrasarlo, lo dejó en manos de un grupo inversor puramente especulativo. Nunca ha habido proyecto, ni lo habrá. Solo mantener la persiana abierta para hacer negocio con los derechos audiovisuales, la publicidad o la compraventa de jugadores, el preferido del cesado Molango. Y ahora que, según los expertos, tenían un diamante, lo han extraviado a cambio de 40 mil míseros euros por derechos de formación. ¡Chapeau, misters, chapeau!