Los consejos de Cruyff

Ahora que Riquelme se mueve para hacerse con la presidencia del Boca Juniors, es oportuno recordar la teoría de Johan Cruyff por la cual el fútbol cambiaría de una vez por todas si los directivos de los clubs hubieran sido futbolistas profesionales. El Bayern de Munich es el ejemplo alemán, aunque con un capital muy fuerte detrás debido al apoyo de Adidas y Wolswagen. En España me temo que, salvo algunos directores deportivos y no todos, la mayoría no ha jugado ni a las canicas. Bueno, no, Ronaldo Nazario preside el consejo de administración del Real Valladolid, pero el perfil del resto va más de hombres de negocios más o menos poderosos, unos lo son y otros lo intentan o se lo creen.

El fútbol ha derivado en un entretenimiento que dejó de ser deporte, un espectáculo muy discutible y, en todo caso, un negocio al que no todos los gestores saben sacar beneficio. No sé si la hipótesis del que fuera genial jugador holandés, buen entrenador y no por ello peor negociante, cabe en la espiral de hoy día. Fuera de los clubs y ceñidos a las instituciones, la llegada de ex-jugadores como Villar o Rubiales en puestos antes ocupados por abogados en la línea de Pablo Porta o Juan Roca, no ha mejorado ni un ápice la Federación Española. El debate está servido.

Si cerramos el círculo para no salir de la islas en que las que vivimos, el paisaje no se despeja demasiado. La presencia de Graeme Le Saux en el accionariado del Mallorca no mejora ni de lejos al injustamente denostado Serra Ferrer, víctima de campañas infames en beneficio de un advenedizo como Utz Claassen. En el Atlético Baleares Ingo Volkman y Patrick Messow juegan hace años al futbolín, si, de esos donde cada cinco bolas tienes que echar una moneda para seguir practicando y en las Pitiusas, Amadeo Salvo lleva camino de averiar gravemente su capricho, la UD Ibiza, en menos tiempo del que tuvo que emplear en inventarlo.

¿Profesionales del fútbol o de los negocios?. Elijan ustedes mismos y a ver quién gana.