¡Infantino, dimisión!
Le lógica euforia indesbordada por la conquista española del Mundial 2026 no puede ni debe tapar la sospecha de corrupción sobre la competición más importante del deporte que supera a la mismísima Super Bowl como espectáculo global aunque no haya logrado competir con su empobrecida exhibición artística y musical de su intermedio.
Esta última fase del campeonato del mundo sobredimensionada has 48 selecciones y que amenaza ampliar a 64 en la cita hispano-lusa-marroquí del año 2030, ha alcanzado límites pornográficos en cuanto a la exhibición desmesurada del lujo y el dinero en la misma cara de los equipos representantes de algunos países donde conseguir alimentos, cobijo o seguridad es pura utopía. Sirva como ejemplo la custodia del trofeo en un joyero de Lous Vuitton que no se compra precisamente en el supermercado de la esquina. Da igual que la prestigiosa marca pague la publicidad. ¡Faltarìa más!.
El precio de las localidades, que ni en los primeros compases bajaba de los 500 dólares, se ha ido disparando en proporción directa al avance de las jornadas y, ya en la final, no se han vendido por debajo de los 10.000 dólares. El deporte no debería reservarse a bolsillos multimillonarios, rara forma de incentivar su beneficiosa práctica, a través del dinero en lugar de sus valores. Que tome nota la FIFA del diabólico ejemplo de las estrellas que protege y eleva a categoría divina con sus balones de oro aunque hayan servido mucho para sus bolsillos y para nada a sus equipos.
España no solo ha sido justo vencedor, sino también limpio. La confesada intervención de la Casa Blanca en la expulsión del norteamericano Balogun, algunos de los arbitrajes perpetrados contra escuadras invitadas a modo de «sparring» recaudatorio, el distinto criterio aplicado en acciones revisadas en los partidos de Argentina y Francia, la final deseada en las alturas, además de la impresentable actitud de la albiceleste en Nueva York investigada a toro pasado, exigen, sumado a todo lo ya expresado y visto, la dimisión inmediata del presidente Gianni Infantino, la protesta de sus homólogos en las distintas confederaciones (UEFA, CONCACAF, CONMEBOL, CAF, AFC Y OFC) y la intervención de más altas instituciones con el objetivo de su renuncia.

