Infantino tocado, pero no hundido
Recular es de cobardes conscientes de que han metido la pata. Rectificar tampoco es de sabios, en todo caso de humildes capaces de reconocer un error que los sabios no cometen. A Giani Infantino, el todavía presidente de la FIFA, no le ampara ni la humildad. Su retroceso después de urdir secretamente el mayor atentado contra el deporte que prometió defender, obedece principalmente a la fuerte oposición del fútbol y a que los impulsores del latrocinio no son amantes de la publicidad, sino defensores de otra clase de cobardía, la del anonimato, de otro lado tan en boga en las poco ejemplarizantes redes sociales.
El dinero es como un producto químico que para activarse precisa un choque de átomos, moléculas o iones de otro agente . La riqueza en si misma no corrompe, pero explota en cuanto se mezcla con el poder, la fama o la popularidad. Entonces ataca el cerebro de pusilánimes, incultos y advenedizos como el virus más agresivo que pudiera existir. Caldo de cultivo de impostores, desahogados sin escrúpulos y trileros adoradoradores del becerro de oro.
El directivo suizo no arregla nada retirando su proyecto de privatización del Mundial, si es que el nido estuvo en su cerebro. Su única opción es dimitir al cuestionar no solo su imagen o capacidad sometidas al escarnio internacional y tajante contestación global. Lo que ha comprometido seriamente es la seriedad y la razón de ser de la institución que gobierna, la FIFA, ya bastante maltrecha debido a lo que pretende representar y las formas en que navega sobre un mar de desaciertos, atropellos, millones, opacidad y lujo.
Este brutal frente liderado por la UEFA que se ha formado en defensa del fútbol no debe esperar a las votaciones de marzo para oponer a uno o más candidatos a una sucesión no convocada aun. Ha de exigir la cabeza del traidor y aplicar las medidas de transparencia, igualdad y equidad para las que cuenta con unas reservas de 5.000 millones de dólares que, según se desvela, al amigo de Trump, colega de su yerno e invitado del Rey de Marruecos, no le parecían suficientes. Hay retiradas más estratégicas que sinceras y más vale prevenir que curar.

