Intercambio de regalos (2-2 en Son Moix)

El Mallorca ganó ayer en el minuto 95 uno de los puntos que había perdido en prolongaciones de partidos anteriores. Antes un regalo de Russo a Lucas Boyé había puesto el triunfo en bandeja al Elche que, después del empate de penalti de Salva Sevilla, volvió a ponerse por delante,. Maffeo, el mejor, igualó al aprovechar otro regalo, una salida en falso, del portero visitante. A lo largo de una temporada el fútbol te da lo mismo que te quita salvo que uno se empeñe en rechazarlo. Para bien y para mal, los encuentros duran hasta que el árbitro, bueno o malo, pite el final.

ALINEACIONES:

R.Mallorca.- Reina (1), Maffeo (3), Valjent (1), Russo (0), J.Costa (1), Baba (1), Salva Sevilla (1), A.Sánchez (1), Lee (1), Dani Rodríguez (1), Angel (1).

Minuto 63, Fer Niño (1) por Angel y Amath (1) por A. Sánchez. Minuto 76, Galarreta (1) por Baba y Abdón (1) por Lee. Minuto 81, Mboula (-) por Salva Sevilla.

Elche C.F.- Edgar Badía (1), Barragán (1), Enzo Roco (1), Bigas (2), Mojica (2), Mascarell (1), Gumbau (1), Pastore (0), Fidel (0), Lucas Pérez (0) y Lucas Boyé (2).

Minuto 66, Josan (0) y Josema (0) por Pastore y Fidel. Minuto 79, Benedetto (-) por Lucas Pérez. Minuto 85, Marcone (-) por Mascarell y Diego González (-) por Lucas Boyé.

ARBITRO:

Melero López (1), de Málaga. Errático en algunas ocasiones, dubitativo con las tarjetas, mal asistido en las bandas, decisiones a favor del infractor  y con más alas de paloma que de halcón. Nada que objetar en el máximo castigo decretado por falta de Josema sobre Maffeo en el área. Amarillas para Russo y Baba del Mallorca y Barragán y Lucas Boyé del Elche.

MENOS DA UNA PIEDRA

No es fácil ganar cuando la balanza se ha de inclinar a título individual en un juego tan colectivo como es el fútbol. Tampoco cuando piensas más en contrarestar al enemigo que en potenciar tus propias virtudes. Javier Escribá planteó la batalla sobre la base de la inspiración y puntería de sus delanteros, Pérez y Boyé. Ausente el primero, el técnico despreció la enorme distancia que separaba a sus centrocampistas de ambos atacantes favoreciendo posiciones más atrevidas tanto de Baba como de Salva Sevilla, ambos imprecisos y precipitados en esta oportunidad. Los franjiverdes cerraron el portalón central, pero se olvidaron de las alas, sobre todo la de Maffeo que disfrutó durante toda la tarde una autopista sin peaje que aprovechó para erigirse en protagonista: forzó el penalti y cabeceó el tanto del resultado definitivo.

Por el contrario Luis García Plaza, desde la comodidad de su acristalado palco VIP, se preocupó básicamente de tapar a los laterales visitantes, Barragán y Mojica. Sacrificó para ello a Dani Rodríguez y Antonio Sánchez, ambos pegados a la cal, para confiar el ataque en la habitual visión de Salva Sevilla, ayer muy desdibujado, y los movimientos entre líneas de Kang-in, tampoco muy inspirado. Angel no anduvo certero al rematar algunos balones de caza, pero lo cierto es que su disparo a bocajarro sobre el cuerpo de Edgar Badía fue el único entre los tres palos de ambas metas en todo el primer tiempo.

Debió acertar el técnico local porque precisamente después de sustituir a Antonio Sánchez por Amath, Lucas Boyé rompió la red protegida por Reina en el único contragolpe fino, esta vez conducido precisamente por Mojica. Un detalle a resaltar porque ni Pastore ni Fidel habían dado una a derechas, ni siquiera con ventaja numérica, en las aproximaciones ilicitanas de la segunda parte. Pero ya con el marcador favorable a los forasteros pese a la máxima sanción convertida por Salva Sevilla tres minutos después de abrirse el marcador debido a un clamoroso fallo de Russo, empeñado en hacer difícil lo más sencillo, cada entrenador se entregó al manual más primario.

El Elche intentó aguantar con tres centrales y cuatro laterales, cedió todo el campo ante un Mallorca que, desesperado a su vez, no hacía sino meter más delanteros como si esto fuera garantía de gol.Pues no. El de las tablas lo tuvo que marcar precisamente un defensa. Pero estas cargas de caballería en esos minutos, que han pasado de ser los de la basura a los de la conmoción, le encantan al público ávido de emoción y privado de buen fútbol. Así un punto se celebra como si fueran tres, aunque no sea así. Pero menos da una piedra.